[Diario de Viaje] #AventuraArabe2017: Día 2 – Aquaventure Atlantis The Palm + Dubai Marina (23/01/16)

Pese a lo cansados que estábamos, decidimos levantarnos sobre las 9h30 para no perdernos el famoso desayuno, ya que a las 10h30 cerraban el restaurante… Así que nos preparamos rápidamente y bajamos al restaurante y la verdad es que el bufé de desayuno era muy completo y variado, con un cocinero que te hacía las tortillas a tu gusto en el momento.

Yo me hinché a comer ese día, me encanta probarlo todo para ver qué me gusta y qué no, pero es que tras el largo día anterior, necesitaba recuperar fuerzas.

Con el desayuno y lo que nos costó ponernos en marcha ese día decidimos coger un taxi para ir a Atlantis the Palm, ya que en transporte público tardaríamos más de una hora y estábamos cerca, tan cerca como que el taxi tardó apenas unos 15 minutos y nos costó 26 dírhams (unos 6,50€). El día de antes había recargado la tarjeta NOL con 50 dírhams, ya que había visto que se podía pagar con ella en los taxis, algo que me parecía más cómodo que tener que llevar siempre dinero en efectivo, pero justamente el que cogimos no tenía la pegatina que lo indicaba, así que no pude pagar con ella.

El conductor iba demasiado rápido, adelantando a los coches por la derecha, llegué a temer por mi vida, pero lo que más me sorprendió fue cuando entramos en un túnel para cruzar el mar y llegar a la “isla” en la que se encuentra el famoso hotel Atlantis the Palm.

El Hotel Atlantis the Palm posee el parque acuático más grande de Oriente Medio, Aquaventure Atlantis. La particularidad de este hotel es que corona la enorme isla Palm Jumeirah. Esta isla está formada por un conjunto de islas artificiales con forma de palmera compuesta por un tronco, 17 ramas y un semicírculo que actúa como rompeolas. Palm Jumeirah está considerada la isla artificial más grande del mundo, ya que, aunque Palm Jebel Ali (también en Dubái) es más grande, está sin terminar.

En Palm Jebel Ali Busch Gardens presentó un proyecto muy ambicioso, Worlds of Discovery, un complejo de parques temáticos que incluía un Sea World, un Busch Gardens, un Discorey Cove y un Aquatica, pero la crisis financiera del 2008 se llevó al traste todos estos proyectos (actualmente hay un proyecto de construir un Sea World en el emirato vecino, Abu Dhabi).

Llegamos sobre las 12h00 al Atlantis the Palm, la entrada al parque acuático se sitúa al final de una pequeña galería comercial que tiene algunas tiendas y restaurantes muy curiosos, como el Bread Street, un restaurante cuyo chef es Gordon Ramsay, el famoso cocinero de la versión americana de Pesadilla en la Cocina.

Pese a que comprando por internet te ahorras unos dírhams, preferimos comprar las entradas directamente en taquilla. Cuando íbamos a comprar las entradas, nos informaron de una promoción que nos pareció muy interesante: la entrada normal cuesta 285 dírhams (unos 72€) y por 20 dírhams más (unos 5€ más), es decir, 305 dírhams, tienes un cupón válido para un menú en cualquiera de los dos restaurantes de comida rápida del parque; por lo que decidimos coger esta promoción.

Con las entradas en la mano pasamos el típico control de seguridad en el que revisan las mochilas y accedimos al parque.

Plano Aquaventure Atlantis

La primera impresión del parque fue muy similar a la que tuve en Siam Park, pasas del desierto a un paraíso vegetal, llama mucho la atención lo verde y bonito que está el parque, gracias a sus cuidados jardines. Pero no sólo eso, la estructura y diseño del parque, así como la apuesta por la tematización, incluyendo una gran torre como icono, hace que me recuerde mucho al parque acuático español, de hecho, son coetáneos, ambos parques abrieron en 2008.

Las taquillas tienen un coste de 40 dírhams (unos 10€) y se encuentran nada más entrar a la izquierda. A diferencia de muchos parques acuáticos, estas taquillas están en el interior de un edificio, junto a los vestuarios, y ya desde el primer momento sientes el lujo del lugar (no hay que olvidar que es el parque acuático de un hotel 5 estrellas), con grandes espacios y cuidada decoración.

Una vez cambiados y protegidos con la crema factor 50 (no es plan de volver al frío europeo quemados) nos adentramos en el misterioso paraíso que es el Aquaventure Atlantis.

En la entrada no nos habían dado ningún plano, así que, al final de la avenida principal techada (no hay que olvidar que aunque sea un parque acuático en verano pueden llegar a 50 grados), encontramos un mapa del parque no muy intuitivo…

Vimos que no muy lejos se encontraba la Torre de Neptuno, así que nos dirigimos hacia allí.

La Torre de Neptuno recrea una torre mística, que podría formar parte de la desaparecida Atlántida, y posee 7 toboganes en total. El más popular es Leap of Faith, un tobogán de caída libre; también encontramos 5 toboganes de tipo Master Blaster de WhiteWhater de distinta intensidad: Stinger, Falls, Shamal, Surge y The Plunge; y un pequeño tobogán que tiene la particularidad de atravesar la piscina con tiburones: Shark Attack.

Por si acaso me había cogido mis chanclas, así que las dejé en una esquina detrás de una papelera medio escondida antes de subir a la torre. El primer tobogán por el que nos decidimos fue The Plunge, el más intenso de todos y que se encuentra en el nivel 4 de la torre.

El tobogán es bastante divertido, de tipo Water Coaster, pero lo más curioso es que desemboca en el río lento del parque, llamado Rapids… El nombre le viene dado por algo…

Yo me tiré primero y mi sorpresa fue mayúscula al terminar en el río lento, así que, cuando apareció mi amigo, decidimos dejarnos llevar un poco por la corriente y en la primera bifurcación, tiene muchas, coger el camino que indicaba rápidos. A los pocos metros apareció una cinta transportadora, los que haya visitado el Siam Park de Tenerife sabrán de lo que hablo, y nos elevó unos metros, muchos menos que en el Siam Park, por lo que me temía que la sección de rápidos iba a ser decepcionante…

Antes de bajar de la cinta, un empleado del parque se encargaba de ponernos una pulsera para las fotos, que se unía a la pulsera con código de barras que hacía la función de entrada al parque.

A los pocos metros de dejar la cinta aparece la primera de las secciones de rápidos… Sí, habéis leído bien, la PRIMERA…

Tras esta divertida pero corta sección de rápidos llegamos a una tranquila y pequeña laguna que nos conduce a una segunda sección de rápidos, seguido por otro pequeño descanso y una última sección de rápidos.

Pensábamos que ya se había terminado, pero tras un tramo bastante largo sin sorpresas llegamos a otra bifurcación y volvemos a elegir la que nos conduce a una segunda cinta transportadora, tras la cual encontramos otras tres secciones de rápidos antes de llegar de llegar al punto en el que habíamos comenzado…

En total SEIS secciones de rápidos, el río lento se nos hizo eterno, tardamos más de media hora en volver al sitio de inicio, y no habíamos visitado los caminos alternativos, pero es altamente disfrutable esta locura de río lento, aunque eso sí, hay que tomárselo con mucha paciencia para recorrer sus 1,6 kilómetros.

De vuelta a la Torre de Neptuno fuimos a por otro tobogán aunque, tras la experiencia previa del interminable río lento, descubrimos que, al final de uno de los toboganes, había una cinta transportadora en la que podíamos subir ahorrándonos el río lento, así que nos pusimos a buscarlo, pareciendo aquello el capítulo de Astérix y Obélix en la casa que enloquece, recorriendo como locos las diferentes plantas de la torre buscando el dichoso tobogán, incluso preguntando a un socorrista que, o no nos entendió, o no tenía ni idea…

En fin, finalmente decidimos tirarnos por otro tobogán y acabamos en el mismo sitio, aunque esta vez en la bifurcación cogimos el camino de la derecha y acabamos en un río lento alternativo, The Torrent. En esta sección, mucho más pequeña, la particularidad es que hay una máquina de olas, por lo que es bastante divertida.

Al final del recorrido llegamos a una enorme playa junto a la Torre de Neptuno, así que fuimos a por el tercer tobogán. De vuelta al río lento, en el desvío que nos conducía a The Torrent, “remando” a contracorriente (más bien andando), llegábamos rápidamente a la playa próxima, que decidimos usar como salida.

Continuamos con el cuarto y quinto tobogán de tipo Master Blaster y nada… no había forma de encontrar la misteriosa cinta de subida, así que decidimos tirarnos por el último tobogán, el Shark Attack, que atraviesa la piscina de tiburones y desemboca en una pequeña piscina junto a la torre de Neptuno, el único que lo hace…

Cansados un poco ya de las historias que teníamos que hacer para salir del río lento, decidimos irnos a la otra torre del parque, pero de camino nos encontramos con la playa privada que tiene el parque, con espectaculares vistas de la ciudad, así que no pudimos evitar darnos un chapuzón en el golfo pérsico.

La arena era un poco rara, es una playa artificial, pero el agua era bastante cristalina (no habían olas), y pude ver por primera vez una estrella de mar viva dentro del mar, de hecho por poco la piso. En el Mediterráneo no estoy acostumbrado a aguas tan cristalinas…

Tras deleitarnos con un breve baño en el golfo pérsico con espectaculares vistas, decidimos continuar la visita ya que el tiempo apremiaba (habíamos perdido demasiado tiempo en el río lento).

La segunda torre del parque es la Torre de Poseidón… Es curioso que ambas torres se refieran al mismo dios, el dios del mar, Poseidón era su nombre en la mitología griega y Neptuno en la romana.

La Torre de Poseidón es la más reciente, y la mejor decorada, con los toboganes más grandes del parque.

El primer tobogán que probamos fue Zoomerango, un tobogán de tipo Boomerango de WhiteWhater, muy similar al Turbolance de Polin que tan popular es en España.

El siguiente tobogán fue el Aquaconda, un tobogán de tipo Anaconda de WhiteWhater con la particularidad de que los tubos de los toboganes Slitherine pasan por su interior. Este tobogán es de tipo rápidos y es bastante divertido aunque excesivamente corto.

Ese día la temperatura no era muy alta, unos 25º, y el agua del parque estaba fría (me pregunto si no la enfriarían), por lo que lo pasaba muy mal cada vez que salía de un tobogán y tenía que esperar al siguiente, se me ponía la piel de gallina…

Con todos los toboganes de flotador probados, decidimos montarnos en Poseidon’s Revenge, unos toboganes de tipo AquaLoop de WhiteWhater, un tobogán que era novedad tanto para mi amigo como para mí. A diferencia del tobogán de caída libre, en este caso había dos toboganes iguales, para permitir una mayor capacidad, a pesar de ello, había una pequeña cola (y eso que durante todo el día no habíamos esperado ni 5 minutos en ningún tobogán).

De repente, tras tirarse una chica asiática, uno de los dos toboganes dejó de funcionar, al principio pensé que era porque uno de los dos socorristas se había ido a controlar los toboganes de al lado, pero cuando alguien le preguntó al socorrista que se encargaba de cargar los AquaLoop el motivo, este respondió medio riéndose que era porque se había quedado atascado una persona… Al principio creía que era broma, no me imagino a un empleado contando esas cosas, pero parece que era verdad… y es que al poco rato le avisaron por radio de que volvía a estar operativo y la primera persona que se tiró por ese tobogán nada más abrirlo fui… ¡YO!

Era mi primer AquaLoop y encima en la cabeza no podía quitarme lo de que la chica se había quedado atascada, por lo que estaba realmente acojonado… pero son apenas unos pocos pero eternos segundos tras los cuales se abre la trampilla y caes a gran velocidad. Está curioso pero tampoco es que notes mucho el Loop.

Repetimos en Zoomerango y Aquaconda antes de montarme en Slitherine. No soy muy fan de los toboganes sin flotador, por la limpieza de pieles muertas y no muertas que te hacen en la espalda, pero tenía curiosidad por probarlos. De todas formas, son los típicos toboganes cerrados llenos de curvas que pueden llegar a marear.

Con todos los toboganes que me interesaban probados, decidimos ir a cambiarnos y comer, ya que eran cerca de las 16h00 y los restaurantes abrían hasta las 17h15. Es cierto que el tobogán de caída libre no lo probé ya me he montado en muchos, no me aportan nada nuevo y son los que más cola acumulan por su baja capacidad.

Pero, cuando pasamos por la Torre de Neptuno me acordé de un pequeño camino que había visto en el río lento y que podía ser el famoso pasaje secreto que nos conduciría a la cinta transportadora, así que, convencí a mi amigo de tirarnos una última vez y probar dicho pasaje…

Nos tiramos y cuando llegamos a la bifurcación cogimos el camino de la derecha, el que lleva a The Torrent y, nada más entrar en The Torrent, a la izquierda hay un pequeño camino bastante escondido… ¡Esa es la entrada!

Nos metimos en él y tras unos metros en los que tuvimos que nadar, el agua estaba demasiado estanca, llegamos a la dichosa cinta transportadora… ¡por fin!

Lo bueno de la cinta es que al llegar arriba puedes elegir entre dos toboganes sin salir del agua o salirte e irte a otros toboganes, ahorrándote un buen trecho de escaleras. Nosotros aprovechamos para tirarnos directamente por otro de los toboganes y al llegar al río lento descubrí la salida oficial del mismo para los toboganes, que no tenía nada que ver con las historias que nos tocaba hacer para llegar a la playa…

Justo al pasar la bifurcación, cogiendo el camino que lleva a los rápidos, hay unas escaleras de salida… En total tardas dos minutos desde que terminas los toboganes hasta las escaleras, pero como no lo conocíamos y no estaba señalado, pues nos tocó ingeniárnoslas…

Ya cansados de toboganes nos fuimos a cambiar y decidimos comer en Barracudas, ya que es un complejo de tipo Food Court en el que encontramos varios restaurantes, incluido una tienda.

Como el restaurante está en el fondo del parque, junto a la Torre de Poseidón, aprovechamos para tomar unas fotos del parque y los diferentes toboganes.

En el restaurante había una carta especial con los menús que iban incluidos con el cupón de la entrada, así que yo decidí probar un Shawarma de pollo, una especie de Wrap que estaba muy bueno y bien relleno.  Llegamos justos de tiempo, a las 17h00, pero no nos pusieron ningún problema y enseguida estaba lista nuestra comida.

Decidimos sentarnos en la terraza porque hacía bueno y cuando fui a recoger la bandeja me encontré con dos enormes bandejas… Me atreví con las dos pero iba a ser complicado abrir la puerta para acceder a la terraza… Pero antes de pedir ayuda a mi amigo un empleado del restaurante se acercó, cogió una de las bandejas y me abrió la puerta. Me quedé sorprendido por el trato y la amabilidad, en Europa rara vez ves algo así, pero es que era la tónica del día den el parque, empleados muy amables y serviciales, siempre con una sonrisa en la boca. Un punto muy a tener en cuenta ya que permite que tengas una experiencia mucho más satisfactoria (aunque descubrí que en Dubái es bastante común que te den un buen servicio).

Con el estómago lleno nos dispusimos a salir del parque ya que habían cerrado todas las atracciones pero nos dio tiempo a disfrutar de un bonito atardecer desde el parque mientras volvíamos a las taquillas.

Para la vuelta decidimos coger el monorraíl que recorre The Palm Jumeirah, para tener unas vistas diferentes de la particular isla. El trayecto cuesta 15 dírhams por persona (unos 3,80€), 25 dírhams en el caso del billete de ida y vuelta, y nos deja “cerca” de una parada de tranvía que recorre la Marina de Dubái y que conecta con el metro que nos llevaría hasta el hotel para pegarnos una ducha.

Lo de cerca es un decir, ya que sí, está cerca, pero si no llega a ser porque mi amigo me avisó de que siguiéramos al grupo de gente, no sé si hubiéramos encontrado la salida que conduce al tranvía, ya que para llegar a ella, tienes que cruzar un enorme parking, pasando a través de los coches, sin ningún camino específico para los peatones…

Llegados al tranvía tuvimos algunos problemas con las tarjetas NOL y me cobraron dos veces el viaje ya que intenté pagar dos viajes con mi tarjeta, cosa que no es posible, por lo que al validad una segunda vez, lo que hizo es darme el viaje por finalizado, por lo que tuve que volver a pasarla ya que no quería tener problemas con las autoridades de Dubái…

Nos bajamos en la parada de Dubai Marina, en dicha parada hicimos transbordo al Metro y dos paradas más tarde ya habíamos llegado al hotel.

Tras ducharnos y descansar un poco, cogimos el metro de regreso a la parada DAMAC Properties y, a los pocos metros de la salida del metro, descubrí la espectacular Marina que tiene Dubai, con la Torre Cayan destacando sobre el resto por su elegancia y belleza, la cual me recuerda mucho a la Turning Torso de Malmö, diseñada por Santiago Calatrava.

Nos dimos un paseo por la Marina, la cual es enorme y aún tiene muchos edificios en construcción, hasta llegar al centro comercial Marina Mall, tras el cual llega una zona de la Marina que no está tan desarrollada, por lo que dimos media vuelta.

La zona de la Marina es como una zona costera de playa, con decenas de restaurantes de todo tipo y precio, por lo que nos pusimos a buscar alguno que nos llamara la atención.

A diferencia del parque acuático, donde los empleados eran muy agradables y amables, en la Marina cada restaurante tiene uno o varios comerciales que se encargan de cazar, literalmente, a los clientes, por lo que es imposible pasear tranquilamente por la Marina sin ser “atacado” por varios comerciales que van a comerte la cabeza para que entres en su restaurante…

Decidimos apostar por uno de corte árabe y cuando vimos uno que estaba bastante lleno decidimos acercarnos a ver la carta de menú… Había una comercial junto a la entrada, así que nos acercamos a ella… Empezó a enseñarnos la carta y de repente apareció otra comercial de otro restaurante que se puso a enseñarnos su carta a la vez… Aquello parecía una pelea de gatas a ver quién lograba más clientes pero en ese momento me di cuenta de que la segunda comercial era la del restaurante que teníamos en mente, por lo que dejé la primera carta y me puse a ver la del restaurante que nos interesaba…

Es cierto que quizás podía haber mostrado un poco más de interés por la primera, pero estaba cansado y agobiado, por lo que no tenía ganas de peleas de gatas, además, las dos jugaban sucio al ponerse una en la puerta del restaurante que no es el suyo y la otra atacar cuando la primera está vendiendo…

Ante el panorama decidimos ir al que habíamos dicho y punto…

Yo me pedí un Hummus bastante bueno, había comido mucho ese día y no tenía hambre, y pronto descubrimos por qué había tanta gente… Estaban celebrando una especie de cumpleaños bastante multitudinario y llevaban una fiesta tremenda, fumando cachimbas y con música árabe a tope.

Tras cenar nos dirigimos hacia el metro pero en ese momento, debido a que había bebido mucha agua, me entraron unas ganas terribles de mear, de estas veces que sientes que la vejiga va a explotar…

Me salté el primer consejo para los que tienen problemas de incontinencia, mear en el restaurante antes de emprender un “viaje”, así que tuve que pasar al consejo número dos: busca el urinario público más próximo…

Estábamos en Dubái, una ciudad llena de hoteles y restaurantes, pero los restaurantes ya los habíamos dejado atrás en la Marina, ¿dónde podía encontrar un baño gratis? En efecto, me colé en el hotel más próximo como si fuera un cliente (gracias grupo Accor), y pude respirar tranquilo al fin…

Antes de toda esta historia ya habíamos visto que el metro ya había cerrado, eran más de las 23h20, por lo que cogimos un taxi tranquilamente que sólo nos costó 21 dírhams (unos 5€), ya que la Marina estaba muy cerca del hotel.

Al llegar al hotel nos metimos rápidamente en la cama ya que al día siguiente tocaba visitar el primer parque temático de verdad del viaje, y queríamos estar en la entrada antes de las 11h00.

You may also like...

Leave a Reply

Your email address will not be published.