[Diario de Viaje] #AventuraArabe2017: Día 1 – Vuelo a Dubai + Visita a Dubai + Burj Khalifa (22/01/16)

A finales de noviembre del año pasado, un buen amigo de este blog y el que suscribe decidimos organizar un viaje a finales de Enero, ya que en nuestros respectivos trabajos nos “recomendaban” (exigían) que cogiéramos vacaciones por esas fechas.

Nuestra primera idea fue visitar China y sus dos parques Disney, en plena festividad del año nuevo Chino, pero, debido a que el proceso para la concesión de la visa China puede alargarse hasta más de dos meses, tuvimos que descartar rápidamente esta opción.

Otra opción que surgió fue California, ya que ninguno de los dos hemos visitado el cálido estado de Estados Unidos, pero al ser temporada baja muchas atracciones cierran por mantenimiento anual y el presupuesto se nos podía ir de las manos en américa (hay que pensar que es un viaje planificado a última hora y no habíamos previsto el gasto que un viaje de este tipo requiere).

Finalmente optamos por Dubái, un destino que personalmente no conocía y llevaba muchos años queriendo visitar, más con la reciente apertura de cuatro parques temáticos. Además, no requerían ningún tipo de visa especial para entrar a los Emiratos Árabes Unidos al ser europeos.

Mi compañero de viaje ya había visitado Dubái recientemente, precisamente en Enero, por lo que le entusiasmó la idea de volver a esta ciudad en constante evolución y descubrir los nuevos parques, además, me aconsejó que Enero es la mejor época para visitar Dubái ya que es temporada baja, a pesar de que es cuando mejor temperatura hace (mínimas entorno a 15 grados y máximas alrededor de los 25 grados), en verano se pueden alcanzar los 50 grados…

Con el destino fijado y las vacaciones concedidas, a pocos horas de terminar el año 2016 compramos el vuelo directo desde Madrid con Emirates, una de las compañías aeronáuticas más prestigiosas del mundo.

El vuelo nos salió bastante bien de precio, no llegó a los 500€, a pesar de haberlo comprado con menos de un mes de antelación y con un trayecto de 7 horas que incluye comida y bebida (si lo comparamos con algunos vuelos europeos sale tirado de precio…).

Los días pasaron y por fin llegó el tan ansiado momento, la primera vez que iba a visitar un país árabe.

Nos dimos cita en la terminal 4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas (menudo nombrecito más largo se han buscado…). A pesar de que habíamos reservado el asiento por internet, para estar juntos, el mio no se había confirmado, por lo que nos habían dado asientos separados… Por suerte nos dimos cuenta enseguida y como el avión iba medio vacío, nos dieron asientos en una fila de tres con el asiento del medio vacío… ¡Cómo se nota que es Emirates y tienen un buen servicio al cliente!

Tras pasar el típico control de aduanas, coger el tren que conecta con la terminal satélite y pasar el control de aduanas, nuestra aventura daba comienzo, pero primero había que recargar fuerzas, así que nos acercamos al Burger King que había junto a la puerta de embarque.

Finalmente, a las 21h40 del sábado 21 de Enero del 2017, con puntualidad suiza, el avión despegaba de Madrid y se iniciaba un largo viaje de cerca de 7 horas que nos llevaría a Oriente Medio.

Nuestro avión era un Boeing 777-300ER y yo me sentí como un niño con zapatos nuevos al descubrir todos los servicios que ofrecía, con una pantalla de televisión con cientos de películas, así que me puse a investigar y descubrí varias películas que no había visto y me interesaba ver, empezando por Ice Age 5.

Pasada la hora de vuelo, las azafatas se acercaron con los carritos de comida para servirnos la cena, a pesar de que ya habíamos cenado hace poco, no íbamos a desperdiciar esa pedazo de cena… En el menú principal (hay menús adecuados a religiones y alergias que tienes que solicitar con antelación) nos dieron a elegir entre dos platos principales, yo elegí el pollo que estaba bastante bueno. Lo curioso es que la comida procedía de media Europa: el pan italiano, la mantequilla francesa, el postre inglés…

Tenía previsto dormir en el viaje pero me lo pasé la mayor parte del mismo trasteando con la pantalla de televisión, incluso descubrí que podías reservar un taxi desde el avión, y que habían taxis especiales para mujeres (primer indicio del choque cultural), con la “excusa” de ser más grandes para poder dar cabida a las compras…

Cuando uno va a Dubái tiene que estar dispuesto a adaptarse a los requisitos que exige la cultura musulmana, a pesar de que con los extranjeros son bastante permisivos. Por ejemplo, los no musulmanes pueden comprar y consumir alcohol en la mayor parte de los establecimientos, a diferencia de otros países árabes, sin embargo, con la vestimenta son más son menos permisivos: es recomendable no vestir minifalda, vestidos cortos ni camisetas de tirantes en centros comerciales o lugares públicos.

Donde sí son bastante estrictos son con las muestras de afecto: los besos, abrazos y, en general, muestras de afecto, no están bien vistos y en ciertas circunstancias pueden ser penados.

Y bueno, el último punto que choca es el tema de taxis y vagones especiales sólo para mujeres y niños, de hecho, muchas mujeres casadas portan un velo que les tapa la cara, dejando a la vista únicamente sus ojos, mientras que su marido va al lado con unos pantalones cortos y una camisa de cuadros… A pesar de ello, se nota un cierto esfuerzo por parte del gobierno de Dubái de dar una mayor importancia y respeto a las mujeres, ninguneadas en muchos países árabes.

Es la cultura islámica, al principio choca pero hay que aceptarla y respetarla, al igual que nosotros, los europeos, pedimos que la respeten cuando turistas de otros países visitan y viven en Europa.

Un poco antes de la hora prevista aterrizábamos en Dubái, cubierta por una fina capa de niebla que no me impidió ver a lo lejos la inmensa aguja rozando el cielo que es el Burj Khalifa.

Como el aeropuerto es tan grande, tuvimos que coger el típico autobús shuttle para llegar a la terminal… Bueno, lo de autobús es por llamarlo de alguna manera, ya que aquello era un congelador con ruedas…

En el avión no me había dado tiempo a quitarme la ropa de invierno, menos mal, pero es que era tan exagerado el frío que hacía en ese autobús que tuve que ponerme mi chaqueta abrigada… Para que veáis que no exagero, salía vaho de nuestras bocas al respirar… Me recordaba a mi experiencia en el verano del 2013 en Nueva York dónde los metros son auténticas neveras…

El primer contacto con Dubái me hacía temerme lo peor, llevaba un constipado que no había conseguido quitarme en un mes por culpa de la ola de frío que estábamos teniendo en Francia (mínimas de -6º y máximas de -2º), me voy a Dubái buscando sol y calor y me encuentro aires acondicionados a toda máquina, algo a lo que le tengo pánico porque soy “alérgico” a los aires acondicionados. Por suerte, en el resto de lugares climatizados la temperatura era más confortable.

En la aduana sólo había una chica controlando pasaportes… pues me tocó a mí. Una anécdota curiosa y una muestra de la mayor inclusión en la vida laboral que está realizando el gobierno de Dubái con las mujeres.

Tras recoger las maletas en esa inmensa terminal 3 procedimos a cambiarnos la vestimenta por una más veraniega (el cambio térmico entre Europa y Dubái era de unos 20 grados en esos días).

De camino al moderno metro de Dubái, que tiene una parada de la línea roja junto a la terminal 3, aproveché para sacar 500 dírhams (unos 126€) de un cajero, para tener algo de efectivo.

Como estábamos un poco perdidos con las Nol Cards (las tarjetas de transporte de la Autoridad de Transportes de Dubái), decidimos preguntarle al chico de información, un asiático (muestra de lo cosmopolita que es la ciudad). Tras analizar los diferentes tipos nos decidimos por la Nol Silver Card.

En resumen, estos son los tipos de tarjetas que existen:

  • Red: Indicada para estancias muy cortas ya que sólo se puede recargar para un máximo de 10 trayectos y el coste inicial de la tarjeta es de 2 dírhams.  El precio por trayecto varía entre 4 y 8,50 dírhams
  • Silver: El precio de la tarjeta es de 25 dírhams (unos 6€) e incluye 19 dírhams (unos 5€) de saldo. El coste por trayecto varía entre 3 y 7,50 dírhams y se puede utilizar tanto en el metro como en el autobús. Admite recargas ilimitadas durante 5 años.
  • Gold: Es la versión VIP de la Silver, los trayectos cuestan el doble pero permite utilizar los vagones Gold Class (VIP).
  • Blue: Tarjeta destinada a los residentes en Dubái.

También está la posibilidad de 1 Day Pass, pero costaba 20 dirhams (unos 5€) y no pensábamos realizar tantos viajes al día.

Con la tarjeta ya comprada accedimos al metro con destino a la parada Dubai Internet City, la más próxima a nuestro hotel en Dubái. Durante el trayecto pudimos contemplar espectaculares vistas de la ciudad y su famoso skyline.

El hotel seleccionado en Dubái fue el Atana Hotel, debido a su ubicación próxima a una parada de metro (las distancias en Dubái se miden en kilómetros, por lo que es muy importante tener una parada de metro próxima), y por su cercanía a la Marina y grandes autovías. Lo de las autovías es muy importante, ya que los taxis son muy baratos en Dubái y a muchos lugares sólo se puede llegar en taxi, como es el caso de los dos complejos de parques temáticos que han abierto recientemente, por lo que buscamos una situación estratégica no muy lejos de los parques temáticos.

Mapa de Dubái

Mapa de Dubái

Otro punto, muy importante, fue su económico precio frente a la competencia: 1.770 dírhams (unos 446€) con impuestos incluidos (los impuestos son un 20% que no los incluyen a la hora de hacer la reserva) para 4 noches, dos personas con espectacular desayuno bufé incluido.

Hablando del desayuno, tenemos una coña con eso y es que, tras hacer el check-in en el hotel y dejar las maletas en la consigna, ya que la habitación no estaba lista, nos acercamos a la conserjería para pedir un plano de la ciudad y algo de información sobre la misma. Lo primero que nos soltó la chica de origen asiático que nos atendió fue un “¿qué tal el desayuno?”, en un tono bastante enojado. Nos quedamos un poco a cuadros, pero respondimos que nos había gustado, ¿qué podíamos hacer ante una pregunta tan directa y con ese tono?, y en el resto de la conversación fue bastante cortante, por lo que terminamos rápidamente.

Con el plano ya en la mano y sin las maletas, realizamos el trayecto de vuelta al metro, el cual requería unos 7-8 minutos andando por zonas sin pasos de cebra, por lo que había que ir con cuidado al cruzar las calles. La verdad es que Dubái no está muy adaptado al peatón, y mucho menos a las personas en sillas de ruedas…

El primer día en la ciudad árabe de los rascacielos lo dedicamos a visitar la misma, empezando por el casco antiguo del Deira, uno de los dos barrios históricos de Dubai (Deira y Bur Dubai) separados por el Dubai Creek, una ría natura que se adentra unos diez kilómetros tierra adentro y que da origen a Dubái. Deira era el antiguo barrio comercial de la ciudad, aspecto que aún conserva, a pesar de los nuevos y modernos centros comerciales construidos a lo largo y ancho de Dubái.

Aprovechando la existencia de tiendas en las paradas de metro, aprovechamos para comprar algo de desayuno, pero lo cómico vino cuando quise pagar una botella de agua que sólo costaba 1,50 dírhams (unos 40 céntimos) en efectivo… Al sacar 500 dírhams de un cajero, la máquina me había dado 5 billetes de 100 dírhams (unos 25€ cada billete), por lo que fui a pagar con un billete de 100 y me dijo que no tenía cambio, que pagara 40 céntimos con tarjeta… Ese fue el primero de varios incidentes con los dichosos billetes de 100 dírhams…

Como mi compañero de viaje ya había visitado Dubái y conocía los puntos turísticos más importantes, me dejé guiar por él.

Nuestra primera parada fue la Heritage House, la residencia de un rico comerciante de perlas construida a finales del siglo XIX, que refleja el pasado histórico de la ciudad. Por desgracia, estaba cerrada por mantenimiento, así que me quedé con las ganas de ver cómo eran las casas antiguas de Dubái.

Siguiendo nuestra visita por Deira nos adentramos en el famoso Zoco del Oro. Dubái siempre ha sido un importante enclave comercial de oriente medio y alcanzó gran poder gracias al comercio de oro.

En este zoco encontramos más de 300 joyerías con algunas piezas realmente espectaculares, pero lo que más me llamó la atención fueron unos collares con la cabeza de cristo y otras simbologías cristianas… Es una muestra más de lo abiertos que son con respecto a otras culturas, aunque también, como dijo Francisco de Quevedo “poderoso caballero es don dinero”…

Otra curiosidad son las cabinas telefónicas dispersadas por el centro histórico, que recuerdan a las clásicas torres de vientos de los edificios históricos.

Dejando atrás el Zoco del Oro nos acercamos al otro zoco importante del Deira, el de las Especias, un producto básico en la cultura árabe y que en el mediterráneo tenemos tan asumido por nuestras herencias árabes. Este es el zoco más antiguo de la ciudad y sería un placer recorrerlo si no fueras atacado cada dos metros para que compraras… Una pena que en estos sitios sean tan agresivos comercialmente y no te dejen pasear tranquilamente y disfrutar sensorialmente del entorno.

Nos quedaba un último monumento del Deira por visitar, Al-Ahmadiya School, la primera escuela de Dubái fundada en 1912 que se encuentra no muy lejos del Heritage House, aunque, al igual que ese monumento, nos la encontramos cerrada por mantenimiento…

Con la visita al Deira finiquitada, nos acercamos al Dubái Creek para coger una de sus famosas barcas tradicionales, los Abras, que, por el módico precio de 1 dírham por persona (unos 25 céntimos) atraviesan la ría y nos dejan en Bur Dubai, el otro barrio histórico.

En el Bur Dubai nuestra primera parada fue el Museo de Dubái, el cual está ubicado en un edificio amurallado de principios del siglo XIX, permitiéndonos conocer la historia, cultura y tradiciones de Dubái. El museo abrió sus puertas en 1971 en la Fortaleza Al Fahidi, la construcción más antigua de la ciudad, un edificio defensivo construido en 1787 para proteger Dubái de los invasores.

La entrada al museo costaba 3 dírhams (unos 76 céntimos) pero, siendo una institución oficial, pensé que me podrían dar cambio de 100 dírhams… Qué equivocado estaba, tampoco podía pagar con tarjeta y mi compañero de viaje ya había pasado el control… Los de detrás, unos turistas indios, me debieron ver tan preocupado que se ofrecieron a pagarme la entrada pero al final conseguí que mi amigo me dejara un billete.

Desde su creación parece que ha tenido pocas actualizaciones, ya que no posee información de los importantes y espectaculares cambios que ha sufrido la ciudad en el siglo XXI, pero es interesante ver los inicios de Dubái, una villa de pescadores y recolectores de perlas que se inició de forma temprana en el mercado del lujo con la venta de perlas y oro. En las profundidades del museo encontramos unas recreaciones de la vida diaria de los antiguos habitantes de Dubái en el siglo XX, una especie de parque temático que no me hizo mucha gracia al poseer varios animales disecados… Obviando ese detalle, es muy interesante e instructiva su visita.

A la salida nos dirigimos a la zona del Dubai Creek para buscar un restaurante donde comer algo, ya que eran cerca de las 14h00.

Encontramos un restaurante que nos pareció adecuado junto al puerto, no muy caro, y yo me pedí una ensalada César que parecía más bien una ensalada Curry. En ese momento estaba yo muy agobiado con el dinero, acabamos de llegar y ya me había gastado 600€ entre el hotel y el dinero sacado (el hotel lo pagué yo ya que luego hacíamos cuentas, llevábamos una lista con qué había pagado cada uno para cuadrar las cuentas a la perfección), pero por suerte se me pasó rápido el agobio y el viaje entró entre mis planes de gasto (unos 1.400€ incluyendo vuelos, hoteles, entradas a parques temáticos y todos los gastos de la estancia).

A la hora del pago, tras toda la problemática con los dichosos billetes de 100 dírhams, le pedimos a la camarera que nos cobrara por separado en efectivo, algo que no le hizo mucha gracia y nos tocó negociar un buen rato… Al final aceptó, pero creemos que nos coló un billete de 50 dírhams de Qatar, ya que lo descubrimos al día siguiente… Ese billete no era válido en los Emiratos Árabes Unidos pero por suerte pudimos cambiarlo por 47,50 dírhams UAD contando los 2 dírhams de comisión.

Tras comer nos acercamos al Heritage Village, una zona del Bur Dubai que conserva varias casas históricas, incluyendo la casa de Sheikh Saeed Al Maktoum, emir que gobernó Dubái entre 1912 y 1958 y abuelo del actual dirigente de Dubái, Sheikh Mohammed bin Rashid Al Maktoum. La entrada a la casa museo cuesta 3 dírhams también.

Esta casa, de arquitectura arábiga de finales del siglo XIX, se ha convertido en museo y en la actualidad alberga diversos tipos de artículos que recuerdan el pasado de Dubái: fotografías, instrumentos marítimos, monedas, sellos y documentos.

La mayor parte del Heritage Village estaba cerrado por reformas, incluyendo la parte en la que se pueden ver las cuadras de camellos, algo que mi amigo me dijo que era muy curioso de ver, aunque no hay mal que por bien no venga ya que íbamos muy justos de tiempo, teníamos compradas las entradas para subir al Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo con sus 828 metros, a las 16h00 y ya eran las 15h15 pasadas…

Rápidamente nos dirigimos a la parada de metro Al Ghubaiba de la línea verde con tan mala suerte de que tardó 5 minutos en pasar el tren (normalmente en hora punta pasan cada 3 minutos) y al hacer transbordo en Burjuman a la línea roja nos volvió a pasar lo mismo, tuvimos que esperar otros 5 minutos… Unos 10 minutos en total muy valiosos al ir tan justos de tiempo y que hizo que mi amigo se pusiera bastante nervioso, conociendo el largo camino que nos esperaba desde la parada de metro y lo escondido del acceso…

Yo iba bastante tranquilo y feliz, ingenuo de mí, pensando que al llegar a la parada estaríamos enseguida… Error! Al llegar a la parada Burj Khalifa / Dubai Mall tuvimos que recorrer una enorme pasarela durante 10 minutos a paso rápido hasta llegar al Dubai Mall, una vez en el mismo, tuvimos que bajar hasta la última planta donde encontramos, en una esquina del mismo, un ascensor que nos daba acceso a las taquillas del Burj Khalifa… Tuvimos la suerte de que mi compañero de viaje ya se conocía el enrevesado camino de acceso y aun así llegamos a las 16h05 a las taquillas…

Mi amigo estaba muy preocupado por si nos ponían alguna pega por llegar unos minutos tarde, no fue así, y tras recoger nuestras entradas compradas por internet accedimos a la cola de acceso…

Debido a que era temporada baja, y quizás la vuelta de la niebla, no nos encontramos apenas colas para pasar el control de seguridad, ni tras él, por lo que mi amigo pudo respirar tranquilo ya que íbamos a poder estar en la “fallida” puesta de sol en lo alto de la torre. Fallida debido a la niebla, aunque sigue siendo espectacular ver cómo se van iluminando los cientos de rascacielos de la ciudad y ver desde lo alto la Dubai Fountain, por lo que no me arrepiento de los 205 dírhams pagados para subir a At The Top Burj Khalifa, las plantas 124 y 125 del Burj Khalifa que están situadas a una altura de 452 metros.

Primero, estuvimos contemplando la panorámica desde la terraza de la planta 124 y, cuando ya nos cansamos de tirar fotos, nos subimos a la planta 125 para descansar un poco hasta las 18h00, momento en el que se representaba el primer espectáculo de las fuentes.

A pesar de bajarnos a la terraza unos 10 minutos antes del primer espectáculo, las vistas estaban muy cotizadas por lo que tuvimos que conformarnos con una pequeña esquina de una ventana. En la primera función del día, las fuentes bailaban al ritmo del “Con te Partiro” de Andrea Bocelli, una forma espectacular de dar la bienvenida a la noche… A pesar de estar a casi 500 metros de altura se oía bastante bien.

La Dubai Fountain, concebida por la empresa WET Design (al igual que la fuente del Hotel Bellagio de las Vegas y Aquanura de Efteling), es la fuente acrobática más grande del mundo y tiene la particularidad de que realiza una función cada media hora, empezando a las 18h00, interpretando en cada una un tema musical distinto, desde grandes temas de la ópera, pasando por música árabe hasta los éxitos musicales más actuales.

Tras la primera función las primeras luces de los edificios empezaron a encenderse y Dubái vivió una mágica transformación, incluyendo los miles de leds que cubren la torre Burj Khalifa…

Cuando ya eran cerca de las 19h00 decidimos bajar al centro comercial para poder disfrutar de las fuentes desde el suelo, pero nos encontramos con una enorme cola para coger el ascensor de bajada, por lo que tuvimos que esperar una media hora…

Los cerca de 450 metros los baja en cuestión de segundos el ascensor, por lo que los sensibles a la presión en los oídos, como es mi caso, puede que sufran un poco.

Ya de vuelta a tierra, nos decidimos a recorrer el centro comercial más grande del mundo que incluye el tanque de agua (Acuario) más grande del mundo (aquí les encanta tener lo MÁS del mundo).

Entre la oferta de ocio de este macro centro comercial destacan dos pequeños parques temáticos: Kidzania, una pequeña ciudad sólo para niños, y Sega Republic, un curioso parque temático cuya estrella es el erizo Sonic de los videojuegos Sega.

Kidzania, además de que no nos está permitida la entrada, no entraba en nuestros planes, pero una rápida visita a Sega Republic sí. Ya habíamos visto los precios antes de llegar, la pulsera que da acceso ilimitado a todas las atracciones cuesta 200 dírhams (unos 50€), un precio que consideramos excesivo para las pocas atracciones que realmente nos llamaban la atención…

El parque temático está dividido en dos plantas en las que encontramos algunas (pocas) atracciones y muchas máquinas recreativas, incluyendo pulpos y otro tipo de juegos en los que gastar los dírhams…

Nos llamó la atención el Xiclone (una atracción de tipo péndulo), Robotnik (una especie de Top Spin de pequeño tamaño) y el Halfpipe Canyon (una curiosa atracción), pero, debido a su elevado precio (30 dírhams cada atracción, unos 7,50€), finalmente sólo montamos en Spin Gear, una Spinning Coaster Custom de Gerstlauer.

Para comprar la entrada a la atracción hay un puesto de venta en una de las esquinas del recinto pero tiene la particularidad de que tienes que comprar la tarjeta recargable obligatoriamente que cuesta 3 dírhams (unos 75 céntimos)… Así que compramos una tarjeta en la que incluimos los dos viajes.

El dichoso viajecito en Spin Gear nos salió caro, pero la verdad es que nos gustó mucho esta Spinning Coaster, bastante compacta y suave que aporta buenas sensaciones.

Me considero un fan de las buenas Spinning Coaster, son atracciones que ofrecen sensaciones únicas, y todavía no había probado una de Gerstlauer, famoso por sus Euro-Fighter e Infinity Coasters, aunque también por la brusquedad de sus montañas rusas (aún me duele recordar Kärnan de Hansa Park), así que este credit fue todo un descubrimiento (a pesar de que yo no soy un loco de los credits como otros fans).

A destacar el Sonic pasadito de kilos y un poco vagabundo que tienen como mascota…

Con la primera atracción del viaje probada, tocaba cenar, así que nos dispusimos a buscar un restaurante asequible en las terrazas del Dubai Mall. De camino a las terrazas, pasamos por la mítica fuente del Dubai Mall con las estatuas “voladoras”, espacio que EMAAR, empresa promotora de muchos de los proyectos de Dubai, había escogido para mostrar sus futuros proyectos, especialmente “The Tower”, la torre de observación de 1.100 metros de altura diseñada por Santiago Calatrava que espera ser inaugurada en el año 2020.

Al final encontramos uno que nos convenció por las vistas y los platos propuestos, yo me pedí una sopa con fideos chinos que estaba buenísima, y de precio no nos salió tan caro si consideramos el emplazamiento (unos 80 dírhams por persona, lo que son unos 20€), pero las vistas a la fuente y la torre son impagables…

Tras ver tres funciones de la fuente desde la terraza del restaurante, yo me encontraba muy cansado del largo día y de no haber dormido apenas en el avión, por lo que decidimos volver tranquilamente al hotel disfrutando de las vistas del Downtown de Dubai… ¡Y menos mal! Porque entre unas cosas y otras llegamos a la parada de metro sobre las 23h30, cogiendo el último metro del día…

Al llegar al hotel nos llevamos una pequeña decepción, por la mañana nos habían dicho que nuestra habitación estaría en la planta 10 pero al llegar tan tarde nos habían cambiado de habitación y nos habían puesto en la tercera planta… Una pena por las posibles vistas que hubiéramos tenido. Tras recoger las maletas en consigna, nos fuimos rápidamente a la habitación a pegarse una ducha rápida y dormir, ya que el día siguiente se esperaba movidito…

 

 

 

 

 

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