[Diario de Viaje] #AventuraEscandinava2016: Día 2 – Tivoli Gardens (29/06/16)

La noche no había sido todo lo larga que uno desearía ya que el restaurante para el desayuno cerraba a las 10h00, así que sobre las 9h00 me tuve que levantar para ir a desayunar, ya que lo había pagado, si no me hubiera quedado encantado durmiendo…

Mientras que desayunaba se puso a llover de forma intensa, presagiando un día nada apacible, como en parte así fue, aunque por suerte la predicción del tiempo anunciaba que a partir de las 15h00 dejaría de llover y saldría el sol…

Tras desayunar y descansar un poco en la habitación, finalmente decidí salir a visitar un poco el centro de la ciudad, pasando por la imprescindible tienda de Lego, la marca danesa de juguetes por antonomasia, y llegando hasta la estatua de la Sirenita, que se encuentra bastante alejada del centro, en una de las varias zonas portuarias que posee la ciudad. En esos momentos me arrepentí mucho de no haber metido el paraguas en la maleta, pero es que no esperaba que fuera a llover tan intensamente y no soy muy fan de los paraguas, prefiero los chubasqueros, ya que cuando llueve y hace viento es mucho peor llevar un paraguas…

Justo cuando estaba acercándome a la estatua de la Sirenita dejó de llover, y en el camino de vuelta el sol empezó a dejarse ver entre las nubes, lo cual me motivaba a darme prisa en mi trayecto de vuelta al centro de Copenhague para poder entrar lo antes posible a Tivoli Gardens.

Antes de las 15h00 ya estaba atravesando la enorme portada de estos preciosos jardines convertidos en magnífico parque de atracciones, comprando previamente la entrada en una de las taquillas de la entrada.

La verdad es que pasé una mañana muy preocupado por el tiempo, ya que es un parque de atracciones con la mayoría de sus atracciones, espectáculos e incluso restaurantes en exterior, tiene muy poca oferta de interior a pesar de abrir todo el año, por lo que una visita pasada por agua se antojaba harto complicado… ¡por suerte no fue así y el buen tiempo acompañó en mi visita!

De hecho, últimamente he empezado a plantearme que un buen karma me acompaña en mis visitas a parques de atracciones y temáticos, ya que desde mi visita al Parc Astérix hace dos años, día en el que me hizo un tiempo espantoso, mis visitas a parques han sido acompañadas de buen tiempo en general, pese a lo que las previsiones anunciaban, e incluso bastante sol, como es el caso de esta visita a Tivoli Gardens, una mañana muy lluviosa pero una tarde soleada sin demasiado calor con alguna pequeña tormenta, un tiempo ideal para visitar este increíble parque de atracciones.

INTRODUCCIÓN

Plano de Tivoli Gardens

Plano de Tivoli Gardens

Tivoli Gardens, considerado el segundo parque de atracciones en abrir sus puertas y uno de los más famosos del mundo, fue inaugurado el 15 de Agosto de 1843 bajo el nombre de “Tivoli & Vauxhall”, Tivoli en referencia a los jardines de Tivoli de Paris y Vauxhall en alusión a los jardines Vauxhall de Londres.

El fundador de Tivoli, Georg Carstensen, obtuvo el permiso de crear Tivoli de manos del rey Christian VIII tras comentarle en una carta que: “cuando las personas se divierten, no piensan en política”. Motivado por ese ideal, el monarca concedió a Carstensen el uso de unos 60.000 m² al exterior de la zona fortificada de Vesterport (la puerta Oeste), con un alquiler anual de 945 coronas danesas. De esta forma, hasta la década de 1850, el Tivoli estaba ubicado fuera de la ciudad, accesible a través de Vesterport, pero a partir de ese momento empezó a estar integrado en el corazón de la ciudad.

En el año 1992, Tivoli Gardens adquirió los terrenos en los que está ubicado el parque por 240 millones de coronas danesas (32 millones de euros aproximadamente), terrenos por los cuales había estado pagando un alquiler desde su apertura, primero al Ministerio de Defensa y posteriormente al ayuntamiento de Copenhague

Desde sus inicios, Tivoli incluyó una gran variedad de atracciones en construcciones con exóticos estilos de un imaginario Oriente, entre los que se incluía un teatro, bandas de música, restaurantes y cafés, zonas ajardinadas, y atracciones mecánicas del estilo de tiovivos y trenes panorámicos. Por las noches, cuando la oscuridad llegaba, lámparas de colores iluminaban sus jardines, y en ciertas tardes, fuegos artificiales especialmente diseñados para el parque se podían ver reflejados en el lago de Tivoli, tradición que se ha mantenido hasta nuestros días.

Tivoli ha continuado su evolución a lo largo de sus más de 150 años de existencia, sin abandonar nunca su idea original de ser un lugar de encuentro con encanto y dónde las familias puedan disfrutar del ocio y las tradiciones de la ciudad y del mundo entero sin salir del corazón de Copenhague. Como Georg Carstensen dijo en 1844, “Tivoli nunca, por así decirlo, será terminado”, un sentimiento del cual, poco más de un siglo más tarde, se hizo eco Walt Disney al inaugurar su creación inspirada en Tivoli, “Disneyland nunca estará terminado, siempre y cuando haya imaginación en el mundo”.

Tivoli Gardens es la herencia directa de los jardines europeos transformado en parque de atracciones urbano, con más de un 75% de su superficie dedicada a jardines y lagos, que desde su apertura ha sido visitado por más de 300 millones de personas en busca de su amplia oferta de atracciones, restauración y ocio.

Junto a la entrada nos encontramos las obras de un gran edificio, que será la nueva imagen de la avenida de acceso al parque y que acogerá en su interior nuevos espacios para tiendas, restaurantes, así como una ampliación del hotel Nimb situado justo al lado. Sorprende la elección de un diseño tan moderno, en el interior de un parque con ese aspecto tan marcadamente clásico, gracias a sus edificios de inspiración oriental, aunque habrá que ver el resultado final para poder juzgar correctamente este nuevo elemento del parque.

Una vez dentro de Tivoli nos da la bienvenida Nimb, un enorme pabellón de inspiración oriental, que es el icono por antonomasia del parque. Este “palacio” fue inaugurado en 1909, bajo el diseño del arquitecto Knud Arne-Petersen, en sustitución de un mercado de inspiración marroquí, que había tenido que ser demolido por las obras de construcción de la estación central de trenes de Copenhague; desde sus inicios acoge restaurantes y más recientemente algunas suites de hotel, gracias a la ampliación del mismo que se hizo en 2008 para acoger un hotel de lujo.

Directamente me dirigí hacia Vertigo, ya que es mi atracción favorita de este parque, la más intensa que he probado en mi vida, y su capacidad es bastante baja, por lo que suele tener unas colas muy largas… Vertigo es un Flying Fury de Technical Park, quizás la atracción más extrema que he probado en toda mi vida, ya que alcanza los 100 km/h consiguiendo fuerzas de 5G, lo que hace que la presión sea tan fuerte que no seas capaz de mover ni un músculo de tu cuerpo durante el ciclo y sientas como la presión te oprime el pecho… De hecho, aconsejo acomodarse bien antes de que empiece el modo Turbo ya que una vez empieza, ¡es muy difícil controlar tu cuerpo!.

La atracción posee dos góndolas de 4 pasajeros cada una, de ahí que la capacidad sea tan baja, pero no había descubierto hasta este día que posee un punto de interactividad (hasta cierto punto), ya que los empleados, o al menos los de este día, preguntan a los pasajeros si quieren ir forwards o backwards (hacia adelante o hacia atrás) en el ciclo, por lo que dependiendo de su elección, el brazo mecánico gira en un sentido u otro. Un punto positivo para esta atracción que ya era de por sí sensacional.

Como se puede ver en la foto, debido al pésimo tiempo que había hecho esa mañana, y el ser un miércoles de finales de Junio, el tiempo de espera en la atracción con más colas del parque era de apenas 15 minutos… por lo que se anunciaba un día bastante tranquilo en el parque y sin colas, en el que poder repetir tranquilamente, como así fue…

Tras extasiarme en Vertigo, tocaba probar la novedad 2016, un Condor de nueva generación de Huss Rides, con la novedad de que tienen dos tipos de góndolas, la clásica en la que vas sentado en una cabina, y una más “intensa” en la que vas sentado en una góndola circular mirando hacia el exterior con los pies colgando. Para rizar aún más el rizo, como el espacio es oro en este parque, además de proponer una atracción con dos tipos de góndolas diferentes, para ofrecer dos tipos de sensaciones diferentes, en los bajos de la misma hay unos coches de choque infantiles, por lo que tienes tres atracciones en el espacio de una, malabares que hace Tivoli Gardens para incorporar el mayor número posible de atracciones en sus cerca de 83.000 m2.

En este parque, y por lo general en todos los escandinavos, son muy estrictos con el tema de dejar montar a los pasajeros en las atracciones con objetos que puedan caerse de los bolsillos, y es comprensible, ya que en un parque de este tamaño y con muchas atracciones en altura, puestas una encima de otra, si cae un objeto de alguno de los pasajeros puede causar una desgracia… En el caso de Fata Morgana, resulta curioso ver que hay una especie de pequeños compartimentos junto a cada asiento, en la góndola mismo, en los cuales puedes dejar tus objetos personales. Es la primera atracción que veo diseñada específicamente con compartimentos integrados en la misma, y no añadidos posteriormente, un punto para Huss Rides y Tivoli Gardens, aunque en mi caso no los utilicé ya que con unos pantalones con bolsillos normales, si no haces ninguna tontería, cuando estas sentado las cosas no se salen del bolsillo…

En esta atracción no había cola, incluso las góndolas estaban llenas a la mitad, sorprendente para ser la novedad abierta recientemente pero es cierto que a excepción de Vertigo, en el resto de atracciones lo máximo que tuve que esperar era a que se terminara el ciclo en curso a mi llegada. Obviamente fui directo a las góndolas “intensas” pero el hecho de haber montado primero en Vertigo y después en Fata Morgana pudo influir, ya que no me pareció una atracción nada intensa… mi sensación, confirmada posteriormente, es la de estar en una torre panorámica con un agradable sensación de balanceo circular, pero en ningún momento sientes fuerzas G o velocidad, que sería lo esperable de una góndola de ese tipo… No se si es elección del parque, aunque me extrañaría porque no tienen problemas en poner atracciones intensas, o que el modelo no da para más, pero me esperaba una atracción algo más intensa, de hecho, me mareó más la góndola normal que la “extrema”, aunque esto pudo ser debido a que estaba haciendo fotos.

Como ya he avanzado, como no había gente, decidí repetir y probar la góndola normal, así pude aprovechar también para tomar algunas fotos del parque desde las alturas.

A pesar de todo, Fata Morgana es una agradable atracción con unas vistas espectaculares, que se convierte en un interesante añadido para Tivoli Gardens, especialmente por las vistas del centro de Copenhague sin tener que pasar el miedo que pasas en el Star Flyer, pero que te deja con un regusto de decepción por lo que podría haber sido y no es…

Siguiendo con la zona más oriental del parque me tocaba desafiar el monzón, Monsunen, una atracción que también me encanta por las sensaciones extremas que produce. Por lo general, me gustan mucho la mayoría de atracciones de este parque, ya que ha sabido actualizarse y estar siempre a la última, con varias atracciones que fueron novedad mundial en su momento, ofreciendo sensaciones para todos los gustos, algunas de ellas realmente extremas, de ahí la decepción con Fata Morgana.

En este ciclo de la atracción coincidí con una familia americana que se notaba que eran frikis de parques, pero me hizo mucha gracia que el hombre que estaba sentado enfrente mío, de alrededor de unos 60 años, se quejaba de que era muy mayor para montar en una atracción como esta, ya que esta atracción es de las que te dejan un gran vacío en el estómago, y no cejaba en pedir que se terminara el ciclo, pero seguía y seguía y seguía… los que estábamos alrededor nos reíamos por la situación, incluido el pobre hombre, aunque no parece que le hiciera mucha gracia. La verdad es que Monsunen posee un ciclo sorprendentemente largo, como el resto del parque (por ejemplo, el tren de la mina hace 3 veces el circuito), algo de agradecer de la parte de Tivoli Gardens que no se conforma en hacer ciclos lo más cortos posibles para ahorrar en electricidad y vender más tickets.

A diferencia de Bakken, la pulsera de Tivoli Gardens no lleva ningún chip incorporado, por lo que es el empleado el que tiene que verificar que posees la pulsera o tickets para darte acceso a la atracción. En algunas atracciones puedes comprar los tickets en la entrada de la misma pagando incluso con tarjeta de crédito… ¡lo importante es que gastes!

Hechas las atracciones más interesantes de ese lado del parque, decidí ir a por otra de las atracciones estrella del parque y que también suele tener largas colas, Himmelskibet, la Star Flyer construida por Funtime en el año 2006 que fue una de las primeras del mundo, antes de la moda desatada en los últimos cinco años, y que a pesar de ello sigue siendo una de las más altas, con sus 80 metros, y más bonitas, gracias a su diseño inspirado en las estructuras metálicas de finales del Siglo XIX, como la Torre Eiffel, coronada por unos planetas para incidir en ese fantástico vuelo hacia las estrellas que nos propone.

A esta Star Flyer le tengo un cariño especial, y es que fue la primera de su tipo que probé hace ya 4 años, a pesar del pánico que me produce la sensación de estar colgado a 80 metros de altura ¡sujeto por unas “simples” cadenas!, abriéndoseme todo un mundo nuevo de sensaciones, incluidas unas vistas panorámicas increíbles, potenciadas en este caso al estar ubicado Tivoli Gardens en pleno corazón de Copenhague, con la mayoría de edificios siendo más bajos que la propia Star Flyer, lo que permite que la vista llegue hasta el horizonte del paisaje pudiendo contemplar espectaculares atardeceres sobre la ciudad de Copenhague.

En esta atracción sí que te obligan, literalmente, a vaciar completamente tus bolsillos y dejar tus pertenencias en unos casilleros.

Pese al temor que pueda infundir el hecho de estar sujeto por unas cadenas a tanta altura, recomiendo a todo el mundo que monte al menos una vez en una Star Flyer, especialmente en las que están ubicadas en cascos urbanos, ya que a la fantástica sensación de volar y libertad que produce la atracción, se añaden unas vistas panorámicas que ningún otro tipo de atracción permite, ya que literalmente estás volando sobre la ciudad.

No muy lejos se encuentra Aquila, una atracción de tipo Air Race de Zamperla, en el área Steampunk del parque que fue la novedad 2013. El concepto de Aquila me recuerda mucho al del Sky Roller de Gerstlauer, con la salvedad de que esta atracción no es interactiva y los giros de 360º son producidos automáticamente y no por voluntad del pasajero.

Visto que no habían colas en ninguna atracción y con tiempo más que de sobra, me decidí, al igual que en Bakken, a hacer todas las atracciones posibles, incluidas las más chorras, de esta forma fue como se presentó en mi camino Nautilus, una atracción interactiva clásica, como Orbitron de Disneyland París o similares, que en este caso me dejó bastante frío, ya que en otras puedes conseguir pequeños airtimes al controlar la subida y la bajada de la góndola, pero en el caso de Nautilus el movimiento era excesivamente lento como para producir cualquier tipo de sensación…

Ya eran más de las 17h00 y tenía hambre, así que decidí acercarme a comer una hamburguesa en el Burger House, un restaurante situado en la zona de Daemonen. En esta hamburguesería hacen las hamburguesas y las patatas fritas con menos grasas, en teoría, pero como ya lo había probado anteriormente y me había gustado, ya que la relación calidad precio es bastante buena, decidí repetir, además,  este restaurante permite disfrutar de la suntuosa tematización asiática de la zona al estar inmerso en ella.

Para digerir la comida, tocaba montarse en Daemonen, la compactísima montaña rusa construida por B&M en el año 2004, con un recorrido de “sólo” 564 metros, una altura máxima de 28 metros, 3 inversiones y una velocidad de 77,2 km/h. Aquí está el claro ejemplo de que Tivoli Gardens apuesta por la calidad y los mejores prototipos posibles, en este caso quería un Ferrari de las montañas rusas, pero como el espacio disponible es el que es, se tuvo que conformar con la B&M más pequeña del mundo, pero sigue siendo una B&M, lo que es sinónimo de confortable, suave y buenas sensaciones.

En el último viaje no pude montarme ya que cerró debido a un problema técnico, así que esta vez la cogí con más ganas.

Para hacer la digestión, no hay nada mejor que un agradable paseo por los fastuosos jardines que han hecho famoso a Tivoli y que son todo un placer de los sentidos recorrerlos y dejarse llevar por sus caminos sinuosos y rincones con encanto. Entre los diferentes ambientes que encontramos está el jardín de inspiración japonesa, el bosque de bambú, los jardines colgantes, el jardín de parterres, etc.

Jardín de inspiración oriental

Jardines colgantes

Petzi’s World

Jardín de parterres

Jardines del Glass Hall Theatre

Las fuentes del Nimb

Realmente, sorprende que en sus cerca de 83.000 m2, hayan sido capaces de meter 28 atracciones, 40 restaurantes, 14 tiendas, más kioskos, teatros, etc., y sin embargo, en ningún momento tienes la sensación de agobio u opresión, habiendo sabido crear diferentes ambientes y zonas tematizadas entorno a edificios emblemáticos (el Palacio Nimb, la Pagoda Japonesa, etc.), y a pesar de todo, tienes espacios donde encontrar la calma y la relajación, ¡e incluso perderte si quieres! Es un parque increíblemente fantástico, en pleno corazón de Copenhague, que esconde muchísimas sorpresas para todos los gustos.

Al llegar a la entrada estaban realizando un espectáculo de mimos en el Pantomimeteatret, siendo uno de los elementos por los que Tivoli Gardens ha cosechado tanta fama a lo largo de los años y el único teatro fijo en la actualidad que sigue realizando espectáculos de Pantomima, un subgénero teatral basado en la comedia musical, con una línea dramática y humorística inspirada en la Comedia dell’arte italiana. El Pantomimeteatret fue inaugurado en 1874, con un diseño de inspiración China, y mientras que la escena se encuentra dentro de un edificio, los espectadores están situados al aire libre. El elemento más caracterísitico de este teatro, y que lo convierte en una atracción visual por si mismo, es su “telón”, la cola de un pavo real que se despliega de forma automática.

El protagonista principal de los espectáculos de Pantomima realizados en el parque es el sirviente Pierrot, un personaje clásico de la  Commedia dell’Arte italiana del siglo XVI, que tuvo gran éxito y popularidad entre artistas e intelectuales europeos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, de ahí que se haya convertido en un personaje clásico de Tivoli Gardens y forme parte de su historia desde casi el inicio de sus días.

Con la digestión ya terminada tras el agradable paseo por los jardines, tocaba volver al ataque con las atracciones, empezando con la mítica Rutschebanen, la montaña rusa de madera inaugurada en 1914, con 720 metros de recorrido, 12 metros de altura máxima y 50 km/h, que aún sigue en activo y conserva los clásicos trenes cuyos frenos son controlados por empleados que van a bordo del mismo. Este detalle le aporta un encanto especial, ya que tienes la sensación de estar viviendo algo histórico, casi artesanal, algo que con la tecnología de hoy en día se ha perdido, pero que atracciones como esta nos permiten echar la vista al pasado y descubrir cómo se hacían las cosas antes.

El montar en esta montaña rusa, pese a tener más de 100 años, es una auténtica delicia, por lo confortable y divertida que es, además de un lujo, ya que forma parte de la historia y  es un ejemplo viviente de la evolución de las atracciones mecánicas. Por ella han pasado varias generaciones, incluida la nuestra, que puede disfrutar de esta joyita que ha sobrevivido todos estos años, como una pieza de museo intocable, a pesar de los profundos cambios que ha sufrido el parque.

En los bajos de Rutschebanen se encuentra Minen, una pequeña dark ride interactiva que está ambientada en una pequeña mina habitada por unas simpáticas ardillas. La Dark Ride está simpática, especialmente para los más pequeños, pero las especies de “pistolas” no proyectan ningún tipo de luz, por lo que es difícil saber dónde estás enfocando y si has acertado en la diana.

No muy lejos se encuentra una clásica noria panorámica abierta en 1943, Ballongyngen, que a pesar de su pequeño tamaño, al estar en altura como varias de las atracciones del parque, las vistas son bastante interesantes. Tivoli Gardens es un parque con varias atracciones en altura que permiten disfrutar de las magníficas vistas de sus jardines y de su entorno. Durante el ciclo se puso a llover bastante fuerte, pero por suerte sólo duró unos pocos minutos, el tiempo en que tardó en terminarse el ciclo.

A los pies de la Star Flyer se encuentra The Spinning Top, una clásica Flat Ride, pero lo interesante es ver como está todo estudiado el milímetro, para no desperdiciar ni un centímetro de espacio en este parque, como en el caso de Fata Morgana y otras atracciones.

Como ya había comentado antes, a los escandinavos les encantan los puestos de juegos, especialmente los que tienen enormes barras de chocolates, y en Tivoli Gardens encontramos una especie de Callejón Diagon, me recuerda mucho al mundo mágico de Harry Potter, en el que encontramos diferentes puestos de juegos, tiendas e incluso la típica Fun House.

Otra curiosidad del parque es que podemos encontrarnos distribuidos a través del mismo paneles que nos cuentan la historia de Tivoli Gardens.

Siguiendo la ruta y decidido a probar todo lo probable, me monté en The Galley Ships, otra clásica Flat Ride ambientada en galeones pirata que lleva funcionando desde 1937, ahí es nada, aunque es cierto que los muñecos del centro son bastante horribles, dignos de una falla de colegio (los que conozcan lo que son las fallas valencianas entenderán la comparación).

No muy lejos se encuentra Odin Expressen, una Powered Coaster de Mack Rides bastante básica inaugurada en 1985, de sólo 300 metros de recorrido y 60 Km/h. Como ya he comentado antes, los ciclos en este parque son bastante largos, hasta el punto de que en esta montaña rusa familiar, que ofrece pocas sensaciones, en cada ciclo se realizan tres vueltas al circuito y no las típicas dos.

Finalmente me decidí a probar los coches de choque, Radiobilen, una atracción que suelo evitar a no ser que vayas en grupo, pero en este caso me resultó curioso el planteamiento de la atracción y decidí montarme. Según explica en las colas, los coches van equipados con una especie de linternas y están divididos en dos equipos, los rojos y los verdes, con el objetivo de golpear el mayor número de veces posible los coches del equipo contrario, consiguiendo puntos cada vez… El problema es que parece que no funcionaban las puntuaciones, ya que, por más que le diera el marcador no subía, y en la pantalla con la puntuación final estaban todos a cero… Una pena porque el concepto es muy interesante.

Al otro lado del Concert Hall, existe un túnel con restaurantes que pasa por debajo del mismo y que es bastante transitado al estar en la zona de mayor concentración de atracciones, se encuentra la Dark Ride por excelencia del parque, Den Flyvende Kuffert, cuyo nombre proviene de uno de los cuentos de Hans Christian Andersen, en español “El Cofre Volador”. De hecho, nos montamos en un “cofre volador” que va recorriendo algunos de los cuentos más famosos de Hans Christian Andersen, mientras un narrador, supuestamente él mismo, nos va relatando los cuentos que nos son mostrados en las diferentes escenas. Esta Dark Ride fue inaugurada en 1993, renovada en 2010, y uno de sus puntos fuertes es que podemos elegir el idioma en el que escuchar la narración, danés o inglés, gracias al botón situado en el techo de la góndola.

La atracción en sí misma es un bonito homenaje a Hans Christian Andersen y su obra, uno de los escritores de cuentos infantiles más famosos del mundo y que es de origen danés. Suyas son las obras El patito feo, La sirenita y La reina de las nieves, entre otros muchos cuentos clásicos muy populares en Europa. El recorrido dura 7 minutos y el diseño de personajes es bastante agradable e interesante, con un toque moderno pero infantil a la vez, y que se diferencia de los típicos animatronics realistas o las infinitas copias de “It’s a Small World”, además, el tema no podría estar mejor elegido para el principal parque de Dinamarca.

Otra curiosidad de Tivoli Gardens es que debido a su limitado espacio, no pueden permitirse un tren con vías que circule por el parque, por lo que tienen un pequeño trenecito, como los que suelen recorrer el centro de las ciudades turísticas, ambientado en un clásico tranvía que va recorriendo el parque.

Ya sólo me faltaba montarme en una atracción de la lista de atracciones que quería probar, The Golden Tower, un  Space Shot de S&S que ofrece un buen airtime y buenas vistas.

Probadas todas las atracciones, tocaba el momento de repetir ya que había menos de 5 minutos en todas las atracciones (a excepción de Vertigo que rondaba los 10 minutos), así que una ronda de Vertigo, Fata Morgana, Golden Tower y Monsunen, y así sucesivamente hasta repetir al menos 3 veces en cada una.

De tanto repetir llegó un momento en el que ya estaba un poco saturado de tantas emociones fuertes, así que decidí darme un tranquilo paseo por los jardines mientras me dirigía a la que sería mi última atracción del día, para terminar por todo lo alto con un bonito atardecer, la Star Flyer, ya que eran cerca de las 22h00 y estaba bastante cansado por el agotador día que había tenido que empezó diluviando y acabó con una tranquila y soleada tarde.

No hay nada mejor que terminar un fantástico día (sin colas) en este maravilloso parque que con esa sensación de libertad, de estar volando en las nubes, que te produce una Star Flyer, amplificado por el embelesador encanto de una ciudad que empieza a llenarse de miles de luces al oscurecerse el cielo.

Pese a que el parque cierra a las 23h00 y realizan un pequeño espectáculo nocturno de rayos láser en el lago, el cual ya había visto, decido irme al hotel tranquilamente, tomando las últimas instantáneas del parque llenándose de miles de puntos de colores, con la convicción de que la próxima vez volveré en fin de semana para poder disfrutar del castillo de fuegos artificiales sobre el Concert Hall.

En conclusión, Tivoli Gardens es un parque único, precursor e inspirador de muchos otros parques de atracciones, incluido el primer parque Disneyland en California, que ha sabido sobrevivir y actualizarse en sus más de 150 años de existencia, convirtiéndose en toda una institución en Dinamarca, gracias a la calidad de su numerosa y variada oferta de ocio y restauración.

Es un parque que posee un enorme encanto, que no lo ha perdido a pesar de todas las novedades que ha ido incluyendo a lo largo de su historia, ya que se nota un especial cuidado y gusto a la hora de planificar y diseñar las novedades, que esperemos que no cambie con el nuevo edificio que se inaugura el próximo año.

En definitiva, Tivoli Gardens es un parque precioso, quizás el parque de atracciones más bonito y con más encanto del mundo (dentro de la sección de parques de atracciones y no temáticos), con unos cuidados jardines que son una de sus principales atracciones, sin obviar su extensa y variada oferta de atracciones mecánicas, que ha sabido actualizar a lo largo de los años para tenerla al más alto nivel de calidad e innovación; sus restaurantes y sus espectáculos.

 

Una vez fuera del parque me dirigí a un pequeño supermercado cercano para comprarme algo de cena y al hotel, que al día siguiente me tocaba cambiar de país y me esperaban muchas más emociones fuertes…

 

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