[Terra Mítica] El guión descriptivo de “El Rescate de Ulises”

1. DESCRIPCIÓN DE LA ATRACCIÓN A5A, EL RESCATE DE ULISES

La Atracción de Recorrido A5A, “El rescate de Ulises”, objeto del proyecto, se ubica dentro del edificio E5A. Éste está situado en uno de los extremos de la isla central del parque, la cual acoge la mayor parte del área 5.

Dicha área, posee una acusada personalidad, dado que su escenario está condicionado por la existencia de la lámina de agua que simboliza el Mar Mediterráneo. Su tematización se desarrolla al hilo del mítico viaje de Ulises.

La topografía de esta zona es singular. Una costa recortada, con vegetación mediterránea, a veces frondosa y a tramos más austera, se combina con ciertos macizos de rocas de grandes proporciones. El conjunto ofrece una imagen fantástica y peculiar, orientada a todo tipo de público.

El edificio E5A, contenedor de la atracción “El rescate de Ulises”, simula un gran promontorio rocoso, del cual emerge una construcción a modo de ciudadela, protegido por murallas ciclópeas. Dado que el argumento se inspira en el viaje realizado por Ulises, dicha fortaleza se asimila a Troya, objetivo de la conquista y puerto de salida del héroe. Será el punto de partida idóneo para el recorrido. Parte de esta edificación, conforma la propia cola de la atracción.

Ubicación de la atracción

Ubicación de la atracción

La entrada al edificio de cola se genera atravesando una puerta situada entre dos grandes torres, articulándose a partir de ésta, el paso a través de varios espacios porticados y diversas construcciones, entre muros de altura variable, conformando un ámbito con aspecto de intrincada fortaleza arcaica. Los acabados combinarán recubrimientos que simulan grandes rocas, sillares de piedra, estucos pintados, y maderas de aspecto envejecido, todo ello acentuado por la iluminación y los complementos temáticos.

Al final de dicho espacio, los visitantes acceden al “Pre-Show” y posteriormente descienden a la cota donde se ubican las puertas de entrada al interior de la Estación de Embarque, iniciándose desde este punto el recorrido de “El rescate de Ulises”.

En el centro de este ámbito, de dimensiones aproximadas: 8,6 x 18 m. de longitud, se instala el mecanismo de salida y llegada de las embarcaciones, liberándose a ambos lados sendos arcenes a través de los cuales, se asciende o desciende de los vehículos. Los visitantes recorrerán las 9 escenas previstas a partir de dicho embarque.

El viaje se desarrolla alternando escenas exteriores, abiertas a la luz natural, con otras interiores, siendo el promedio de altura libre en estas últimas, de 7 m. La escenografía básica de todo el conjunto, se caracteriza por la presencia, en todas las escenas, de una serie de decorados que simulan cadenas montañosas y acantilados de gran tamaño, con alturas que superan en algunos casos los 9,15 m. Esta gran masa rocosa, horadada en determinados lugares, permite la recreación de diversos hitos mitológicos que, acompañados de masas ajardinadas y agua, confieren a la atracción una atmósfera de fantasía especialmente atrevida.

El recorrido se realiza por un canal de aguas rápidas. Las embarcaciones, con capacidad para 20 personas, hacen el trayecto acompañadas de Telémaco (un actor) lo que permite reproducir las peripecias de éste en busca de su padre, Ulises, a través del encuentro con los distintos mitos del Mediterráneo. Simbólicamente, al hacer el viaje, los visitantes ayudan a Telémaco a encontrar a su padre.

1.1 ARGUMENTO DE LA ATRACCIÓN

El argumento de esta atracción está basado en la Odisea. El recorrido del visitante se estructura en tres secuencias, el espacio de colas, el espacio de “Pre-Show” y finalmente, la estación de embarque y los espacios escénicos; en todos ellos, el argumento es la trabazón que da coherencia a su sucesión.

  • El espacio de Colas

El visitante inicia su viaje adentrándose en la ciudadela de Troya tras ser conquistada por los griegos. La entrada se realiza entre dos grandes torres. Se desarrolla entonces un recorrido alrededor de varios espacios porticados y diversas construcciones con muros de altura variable, por callejas, edificios, patios y estancias, conformando un ámbito con aspecto de intrincada fortaleza arcaica. Estos espacios alternan exteriores, abiertos a la luz natural e interiores, en los que la iluminación contribuye a resaltar los diversos ambientes recreados.

Los acabados combinan la simulación de rocas con maderas de aspecto envejecido, estucos pintados y frescos, enmarcados por cenefas geométricas. Las paredes al igual que los techos resultan de gran riqueza de forma y colorido.

  • El Espacio del “Pre-Show”

Tras el espacio de cola se desarrolla el “Pre-Show”, en un espacio mixto exterior/interior recreando una gruta inundada con ruinas semi-enterradas entre tierra y agua.

El ambiente de este lugar debe transmitir solemnidad y magia; su aspecto derruido nos hace conscientes del transcurso del tiempo. La bóveda del techo se ilumina con un efecto de reflejo de agua, generando un suave movimiento de destellos de luz.

La pared principal derruida nos muestra partes de lo que fue un gran friso en donde se mostraba mediante bajorrelieves, figuras de dioses, personajes o acciones.

Todo esto nos permite mostrar al visitante solo los fragmentos o partes de la historia que nos interesen usar como introducción o predisposición de la aventura que van a experimentar.

La atención del público se consigue focalizar y secuenciar, realizando puntualmente la iluminación de una escena del friso, y dejando en un segundo término el resto. Esta iluminación además de ser puntual se complementa con otra rasante para aumentar la profundidad y nitidez del bajorrelieve, acompañando con locución (no de forma informativa, sino sugerente y dramatizada) y efectos de luz en el interior del agua y el resto del espacio, diferenciando por escena, locución, iluminación y efectos de luz, el componente dramático que nos interese de cada escena, como por ejemplo: desesperación (Penélope, pretendientes), angustia (Ulises cautivo por Poseidón), amenaza (Cíclopes, Polifemo, Escila), esperanza (Telémaco, diosa Atenea, Golias), etc…

Estas secuencias en su conjunto se muestran de forma mágica y sugerente con una transición de fundido de luz, sonido y efectos entre ellas, en su conjunto forman un bucle continuo, sin estar ordenadas de una forma estrictamente cronológica, para conseguir un ciclo de sensaciones a modo de introducción informativa y predisposición del público. De esta forma no es necesario formar al público en grupos con un número de personas preciso y su vez personal que los seleccione. La capacidad de público de esta sala estará definida por el ancho de la pasarela.

Pre-show

Pre-show

  • La estación de embarque

El visitante penetra en una extraña caverna, un lugar que contiene los ruinosos restos de un misterioso puerto. Grandes bloques de piedra se funden con la gran masa rocosa, aberturas y desprendimientos dejan ver retazos de cielo. La vegetación intenta recuperar su espacio, mientras viejos aparejos y redes yacen olvidados.

Estación de embarque

Estación de embarque

  • Los espacios Escénicos

En una embarcación el visitante culmina su viaje, que se desarrolla en 9 escenas:

• Escena 1: “El paso del Océano”
• Escena 2: “Eolo el Dios de los vientos”
• Escena 3: “Cíclope”
• Escena 4: “El paraje de las Sirenas”
• Escena 5: “El Infierno”
• Escena 6: “Los Duendes del olvido”
• Escena 7: “Circe y Hermes”
• Escena 8: “Escila y Caribdis”
• Escena 9: “Poseidón”

1.2 GUIÓN, ELRESCATE DE ULISES

Telémaco, hijo de Ulises y Penélope y príncipe de Itaca, tenía apenas un año cuando su padre partió a la Guerra de Troya. Terminada ésta, Ulises y sus hombres emprendieron el regreso a la patria. Durante el viaje vivieron numerosas peripecias, en una de las cuales se enfrentaron al gigante Polifemo, un cíclope antropófago, hijo de Poseidón. Para poder escapar, Ulises le dejó ciego clavándole una estaca en su único ojo y se ganó, para siempre, la enemistad del poderoso dios del mar y las tormentas. A partir de ese momento, Poseidón se empeñó en impedirle el regreso a su tierra, junto a su familia.

Con el tiempo, los habitantes de Itaca le dieron por muerto y el palacio de Ulises se llenó de soberbios pretendientes que aspiraban a contraer matrimonio con la bella Penélope. Ésta les daba largas mientras se resistía a creer que Ulises hubiera fallecido.

Cuando Telémaco alcanzó la adolescencia, decidió partir en busca de su padre. La diosa Atenea, sabedora que Poseidón había logrado retener a Ulises, se prestó a ayudarle y recorrió las calles de Itaca reclutando hombres valientes y audaces para que lo acompañaran.

Se dirigió primero al puerto, donde abordó a un apuesto joven, llamado Golias, conocido por su arrojo y valor. Cuando le propuso partir con Telémaco, Golias aceptó complacido. Nada podía ser para él más atractivo que aquel viaje hacia lo desconocido, mucho más allá de su Itaca natal.

A continuación Atenea buscó al más sabio y prudente de los habitantes de la ciudad. Alción, que tal era su nombre, se resistió en principio a abandonar su familia y su tierra, pero más tarde pensó que era su deber luchar contra el destino infausto, que retenía lejos de los suyos a un hombre justo y valeroso como Ulises. Así, uno a uno, Atenea agrupó a los veinte mejores hombres de la ciudad.

Interior de la atracción

Interior de la atracción

  • Escena 1: “El paso del Océano”

Cuando la nave estuvo lista, Telémaco se encomendó a los dioses y puso proa a lo desconocido. De pie sobre la cubierta, a la luz confusa del amanecer, sus ojos contemplaron la costa que se alejaba. Sus fieles camaradas impulsaron vigorosamente los remos.

Llevaban varios días navegando con viento a favor cuando, extrañamente, se encontraron en las aguas espesas de un río. El sol desapareció por completo y se vieron inmersos en un paisaje árido y estéril. Entre la bruma, los marineros percibieron unas figuras humanas de aspecto fantasmagórico. Al punto, Alción se dio cuenta de que habían llegado a las costas de Cimeria, cuyos habitantes vivían entre nieblas y nubes sin que jamás el sol resplandeciera sobre sus dominios. La congoja se cernió sobre la tripulación, que no veía el momento de abandonar aquel tétrico lugar.

Como surgida de la nada, apareció ante ellos una barca guiada por un hombre de avanzada edad y aspecto atemorizante. Golias pensó que lo superaban en número y fuerza pero aún así no pudo impedir que una sensación de desasosiego le invadiera.

Al pasar junto a la barca del anciano, la nave se detuvo y los marineros descubrieron con estupor que su pasaje estaba formado por cadáveres. Comprendieron entonces que se hallaban frente a Caronte y temieron por sus vidas, pues de todos era sabido que aquel anciano es el barquero encargado de trasladar a los desgraciados al infierno. Muchos de aquellos valientes quedaron paralizados por el terror pero Telémaco, inspirado por Atenea, les pidió que juntaran rápidamente cuántos dracmas pudieran y con ellos sobornó a Caronte, que, a regañadientes, les franqueó la entrada a las aguas del océano.

Escena 1 - El paso del océano

Escena 1 – El paso del océano

  • Escena 2: “Eolo el Dios de los vientos”

Las tinieblas desaparecieron tan misteriosamente como se habían presentado y un sol radiante les iluminó con fuerza. Llevaban un tiempo navegando plácidamente, cuando Golias creyó que los poderosos rayos que caían a plomo, le afectaban el entendimiento: en el horizonte, un enorme peñasco, a manera de isla, parecía flotar en el aire. Un primer golpe de viento les obligó a entrecerrar los ojos. Súbitamente, aquel pedazo de tierra tomó la apariencia de Eolo y desató un vendaval en torno a la nave.

Eolo, el temible dios de los Vientos y sus cuatro hijos (Auro, Céfiro, Noto y Pelión) rodearon la barca provocando una tormenta de grandes proporciones. Soplaron con furia jugando con la nave como si de una cáscara de nuez se tratase. El mar se agitó con violencia mientras los rayos caían a escasos metros de la barca. Golias, viendo las dificultades de Telémaco para mantener el rumbo, soltó su remo y se apresuró a ayudarle a sujetar el timón. Alción se agarró con todas sus fuerzas a la embarcación y, con los ojos cerrados, prometió a Zeus que si les ayudaba a sortear aquel peligro le sacrificaría su mejor cordero tan pronto como regresara a Itaca.

Fueron momentos de gran tensión pero afortunadamente la habilidad de Telémaco, ayudado por la fuerza de Golias, consiguió dejar atrás la tempestad.

Escena 2 - Eolo

Escena 2 – Eolo

  • Escena 3: “Cíclope”

Bordearon entonces una isla montañosa y fértil, donde pastaban felices algunos animales. Alción se fijó en una cría de cabra que se tambaleaba graciosamente sobre sus frágiles patas y sintió nostalgia de su familia y su tierra, donde seguramente algunas de sus cabras habrían parido en su ausencia. Un estruendo como de terremoto le sacó de su melancolía y le hizo dirigir la vista hacia lo alto del acantilado. En un primer momento le pareció que la rocosa pared crecía hacia el cielo, que la montaña se hinchaba. Luego, el ruido que brotaba de las entrañas de la roca, le hizo temer la erupción de un volcán. Pero lo que nunca esperó fue lo que se mostró a sus aterrados ojos. Un gigante con un solo ojo agitaba ante ellos una mole de roca y lanzaba terribles gruñidos. Telémaco reconoció inmediatamente a Polifemo, el cíclope hijo de Poseidón, de quien se decía que Ulises le había dejado ciego. Ordenó a los tripulantes que permanecieran quietos y en silencio, pues sólo el ruido podría delatarlos. Pero aquel monstruo, de alguna forma, debía haberlos percibido. Balanceaba sobre su cabeza el enorme peñasco y amenazaba con arrojarlo hacia la barca. Fueron instantes que parecieron siglos. Ni Alción, ni Golias, ni ninguno de los presentes olvidaría mientras viviese lo que entonces sucedió.

Atenea desplegó un enorme muro de agua que rodeó la embarcación a modo de invulnerable escudo. Oyeron los gritos airados de Polifemo, cada vez más lejanos. Alción y los demás valientes, libres ya del imponente gigante, estallaron en una expresión de júbilo y agradecieron a la diosa Atenea su prodigiosa intervención.

 

Escena 3 - Cíclope

Escena 3 – Cíclope

  • Escena 4: “El paraje de las Sirenas”

Siguieron navegando sobre el mar en calma. Hacia el mediodía, se levantó una leve brisa que les trajo un melódico murmullo. A medida que avanzaban, percibían con mayor claridad aquel canto dulce y sugerente. Embelesado, Telémaco condujo la barca hacia la costa. Una negra apertura se abría en el acantilado y, ante ella, unas bellísimas ninfas les invitaban a acercarse. Tenían busto de mujer y cuerpo de pez y se movían con gracia seductora.

Tan cautivados estaban todos que, hasta el último momento, Telémaco no advirtió el peligro: la nave iba directamente a estrellarse contra un islote que les cortaba el paso. Telémaco miró a diestro y siniestro intentando encontrar rápidamente un camino. Buscó consejo en su tripulación.

Alternativa A/ Las sirenas señalaban a babor y los encantados marineros aceptaron complacidos la sugerencia. Telémaco dio un oportuno golpe de timón y la barca se internó en las entrañas de una caverna oscura. A los lados había restos de un naufragio. Levantaron los remos y aguzaron la vista y los oídos tratando de habituarse a la oscuridad y la niebla baja. De repente, las aguas se sacudieron y, surgiendo de las profundidades, dos gigantescas manos huesudas asieron la barca y la levantaron en peso. Las tablas de la barca crujieron, mientras cada uno se cogía a lo que encontraba a mano. Iban a estrellarse contra el techo de la caverna. Sin tiempo para respirar, se sintieron arrojados al vacío. Resonó en las paredes rocosas el alarido de los pobres marineros y el ruido de la embarcación al chocar contra las ennegrecidas aguas. Una gigantesca calavera se levantó, chorreando, por las vacías cuencas, algas y deshechos. Los marineros gritaron aterrorizados de nuevo pero la embarcación logró mantenerse a flote y la fuerza del impulso los alejó de aquel lugar. Quien más, quien menos se avergonzó de haberse dejado engañar por aquellas sirenas.

Alternativa B/ Las sirenas señalaban a babor e intentaban atraerlos con sus encantos. Alción vio a Telémaco indeciso y le gritó, tratando de sacarlo de su ensoñación. Otro marinero le sacudió y juntos dieron un oportuno golpe de timón esquivando el escollo. La cueva se abría al exterior por medio de enormes ventanas naturales. A través de ellas, vieron un paisaje de inenarrable belleza: praderas de un verde deslumbrante, salpicadas de flores desconocidas que se abrían desplegando toda su hermosura, bandadas de aves de bellos plumajes y armonioso vuelo y un sol que se derramaba sin que ninguna nube interfiriera sus rayos.

Una finísima cortina de agua, que resbalaba desde el techo y se pulverizaba contra las piedras, salpicó el rostro de Golias que no salía de su asombro. Pero Alción ató cabos rápidamente. Comprendió maravillado que, por alguna extraña razón, los dioses le estaban permitiendo ver en vida el lugar que estaba reservado a los hombres justos para después de su muerte: El Elíseo, donde el tiempo no transcurre y donde los males y las miserias que azotan a los humanos no tienen cabida. Tal vez por ser el más viejo, fue el que más se emocionó ante esa visión anticipada.

Hacia el final de la caverna, las paredes y los caparazones de moluscos que las decoraban despedían una luz mágica que transmitía un sentimiento de profunda tranquilidad. Por un momento, Telémaco se relajó y deleitó observando aquel paraje de extraordinaria hermosura que se mostraba ante sus ojos. Pero Telémaco sabía que aquello no podía durar. Llevaban mucho tiempo navegando sin haber encontrado rastro alguno de Ulises, y sin saber siquiera si se hallaban en la ruta correcta. Con decisión, dirigió el timón hacia lo que parecía la salida de aquella mágica gruta.

Escena 4 - El paraje de las sirenas

Escena 4 – El paraje de las sirenas

  • Escena 5: “El Infierno”

Traspasado el umbral, se encontraron en otra caverna de aspecto lúgubre y de atmósfera densa y sulfurosa. Las aguas por las que avanzaban se tiñeron de un color rojo sanguinolento. Las paredes de roca parecían estar al rojo vivo. Ríos de lava se deslizaban lentamente desprendiendo vapores y humos. A medida que sus retinas fueron acostumbrándose a la penumbra, distinguieron a babor y estribor sombras que gemían en un continuo lamento.

Comprendieron entonces que habían descendido a las profundidades del Hades, el mundo de las sombras donde sufren eternamente las almas de los condenados, y palidecieron de terror.

Allí estaba Tántalo, condenado por haber asesinado a su propio hijo y castigado a permanecer bajo un árbol frutal cuyas ramas se levantaban cada vez que el desdichado trataba de agarrar un fruto. Y más allá Sísifo, el temible y cruel Rey de Corintio, quien padecía duro trabajo empujando con las dos manos una enorme piedra sobre una pendiente. Cuando ya le faltaba poco para llegar al final, una fuerza poderosa empujaba la piedra en dirección contraria, haciéndola rodar nuevamente cuesta abajo. Tornaba entonces a empujarla, y de nuevo le sucedía el mismo infortunio.

Golias sintió que un sudor frío empapaba su cuerpo. No alcanzaba a comprender por qué habían sido conducidos por el destino a tan terrible lugar. Tal vez fuera aquél el final de su aventura y también de su vida. ¿Estaban ya muertos y les conducían a un lugar reservado para ellos en el Infierno? Levantó entonces la vista y vio al desgraciado Ixión, quien había sido atado a una rueda que giraba sin cesar. Pensó que quizás Hades, el señor de los infiernos, habría ya ideado alguna tortura para él.

Aquella siniestra caverna parecía no tener fin. Dándose cuenta de que ya no había vuelta atrás, Telémaco pidió con desesperación a sus compañeros que remaran con fuerza.

Fue entonces cuando ante sus ojos aparecieron imponentes las figuras de Hades y Perséfone, señores de las profundidades. Alrededor de los tronos se retorcían los cuerpos de innúmeras serpientes. Los marineros quedaron paralizados por el pánico. Sin embargo, todavía no había llegado su hora. Hades, el poderoso rey de la oscuridad de mirada penetrante, los vio pasar ante él sin inmutarse apenas. Perséfone, hierática, parecía sumida en una tristeza extrema. Telémaco volvió a pedir a su tripulación que remaran aprisa pero, sin explicación aparente, la barca se detuvo y comenzó a girar. Semiocultos entre el vapor, unos demonios cornudos empujaban la embarcación obligándola a rotar sobre sí misma ciento ochenta grados.

Telémaco soltó el timón incapaz ya de controlar el rumbo. Resonaban en sus oídos, cada vez más fuerte, los golpes metálicos que unos gigantescos martillos descargaban, monótonamente, sobre sendos yunques de enormes proporciones. Desconcertados, volvieron a ver a lo lejos las figuras inquietantes de los dioses de las profundidades y temieron que la corriente volviera a arrastrarlos hacia ellos. Sin embargo, la nave abandonó la cueva navegando hacia atrás.

Escena 5 - Inferno

Escena 5 – Inferno

  • Escena 6: “Los Duendes del olvido”

Al verse en el exterior, Telémaco y sus compañeros respiraron con alivio. Sin embargo, la preocupación no desapareció de su rostro, ya que la embarcación se internaba a la deriva por un paraje extraño y brumoso. Todos miraban a Telémaco que, de pie en la proa, se esforzaba por adivinar el rumbo. Era un paisaje pantanoso, de vegetación exuberante y penumbrosa. Sólo rompía la calma el mugido lastimero de un bisonte que, atrapado en el lodo, luchaba por salir. Entre los árboles oyeron risas y espaciados silbidos. Unos duendecillos, de aspecto jovial y travieso, aparecían y desaparecían detrás de los troncos desplazándose por el aire con sus pequeñas alas.

Entonces vieron con estupor que Telémaco parecía entender su extraño lenguaje y se dirigía a ellos con los mismos sonidos. Las risas aumentaron de volumen y los marineros se incorporaron al coro. Una de las pequeñas criaturas, la que parecía ostentar el mando, reclamó atención. Con tono chillón dio órdenes precisas y, al instante, aparecieron de la nada varios duendes que empuñaban largas pértigas. Las hundieron alrededor de la nave y, como jugando, la hicieron girar hasta que estuvo en la posición correcta.

Telémaco y sus compañeros de viaje se alejaron agitando los brazos en señal de agradecimiento. Ninguno se dio cuenta de que, en un instante, todas sus preocupaciones habían desaparecido ya que aquéllos eran, precisamente, los duendes del olvido.

Escena 6 - Los duendes del olvido

Escena 6 – Los duendes del olvido

  • Escena 7: “Circe y Hermes”

Paulatinamente, el pantano se transformó en el curso de un río. En sus orillas avistaron animales extraños.

Al aproximarse vieron con desagrado que se trataba de engendros, mitad hombre mitad bestia, en pleno proceso de transformación. Algunos gemían, resignados con su triste destino, pero otros aún se debatían con desesperación, mesándose los cabellos o intentando arrancarse la nueva piel que comenzaba a cubrirlos por completo.

Golias encogió las facciones con profundo desagrado. Pero Alción percibió dónde estaba realmente el peligro. Al pie de una escalera de piedra que conducía a su morada, estaba Circe, la maga conocedora de mil drogas y venenos. Vestía larga y rica túnica y unas negras trenzas le adornaban la cabeza. En su bello rostro destacaban dos ojos profundos e inquietantes. Sostenía en sus manos una copa de oro que acababa de sumergir en un caldero que hervía a su lado. De la copa y del caldero se derramaba un humo espeso y gris. Circe avanzó la copa hacia ellos y todos apartaron instintivamente la vista.

Al ver a Telémaco su actitud cambió. Tal vez reconoció en él al hijo de Ulises, el héroe al que había amado durante un año, o tal vez intervino la omnipresente Atenea. Lo cierto fue que su expresión se dulcificó y su mirada intensa los siguió sin hostilidad mientras se alejaban.

Escena 7 - Circe y Hermes

Escena 7 – Circe y Hermes

  • Escena 8: “Escila y Caribdis”

Estaban aún impresionados por la figura de aquella diosa, cuando oyeron, claramente, el ruido y el jolgorio característicos de una fiesta. El vino, la ambrosía y el néctar habían corrido generosamente.

Hermes, dios de la música, sentado semidesnudo sobre una gran mesa de madera, tañendo una lira y cantando a gritos, encabezaba la juerga. Su casco alado le daba un aspecto entre risueño y ridículo. A su alrededor un grupo de sátiros felices, danzando sobre sus pezuñas, le acompañaban con el sonido de sus flautas. Otros, simplemente, se esforzaban por mantenerse en pie.

Al acercarse la barca a la orilla, dos de ellos se volvieron hacia los extraños y les dedicaron sendos escupitajos. Golias soltó una carcajada que contagió a todos los tripulantes. Dioses y mortales rieron y la embarcación siguió su rumbo. Detrás quedaban la música y las risas de aquella fiesta que no tenía visos de acabar.

Al tiempo, se acercaron a otro islote que les cerraba el paso. Telémaco señaló a babor, donde el curso parecía más tranquilo. A estribor las aguas se agitaban revueltas, mas los aullidos que provenían de babor les hacían desconfiar.

Alternativa A/ Telémaco demostró su autoridad y con decisión viró a babor. Entonces vieron que, de unas cuevas situadas en la ladera de la montaña, donde el paso se estrechaba, emergían las múltiples cabezas de un monstruo que aullaba como una perra recién nacida. “¡Es Escila!” gritó Alción, a cuyos oídos había llegado en una ocasión la historia de Jasón, el único mortal del que se sabía había logrado atravesar ese paso, gracias a la ayuda de la todopoderosa Hera.

La perversa criatura se agitaba feroz y en su apetito insaciable devoraba delfines, perros de mar y cuanto habitante de los mares se le acercara.

“Contra ella no hay defensa”, dijo Telémaco, “sólo cabe huir”. No tuvo que rogar mucho a sus remeros. Acercándose temerariamente a la otra orilla y sorteando con destreza y habilidad los arrecifes, huyeron tan velozmente como pudieron.

Alternativa B/ Telémaco consultó a su gente con la mirada. Los marineros señalaban a estribor, pues los terribles aullidos sonaban cada vez más cercanos, y Telémaco viró en esa dirección.

Cogido fuertemente al timón, divisó un nuevo monstruo. Junto a la orilla, al pie de una higuera grande y frondosa, la funesta diosa Caribdis se agitaba sobre turbias aguas. Tan pronto las vomitaba, formando un enorme remolino, como las absorbía, arrastrando a su interior todo lo que encontraba a su paso.

Telémaco mantuvo recto el rumbo a pesar de las sacudidas mientras los remos se hundían con potencia en las aguas. La lucha fue titánica. Empezaban a dudar de sus fuerzas cuando, tal vez por intervención de Atenea, las aguas se calmaron súbitamente y la embarcación recobró su rumbo.

Escena 8 - Escila y Caribdis

Escena 8 – Escila y Caribdis

  • Escena 9: “Poseidón”

Todavía con el estómago revuelto por el zarandeo al que habían estado sometidos, Telémaco y sus compañeros sintieron una nueva sacudida de la nave que les hizo agarrarse con fuerza al timón y los remos. De un solo golpe, el mar los engulló y, mágicamente, se encontraron descendiendo a las profundidades del océano. Prevenidos como estaban por Atenea contra el rencor y el odio de Poseidón, los marineros aguzaban la vista tratando de descubrir por dónde vendría el peligro. El espectáculo era fascinante: estrellas, caballitos y otros animales marinos aparecían a babor y estribor como dándoles la bienvenida. Deslizándose plácidamente, la barca entró en un espacio cerrado y aparentemente sin salida visible. Los muros y el suelo conservaban riquísimos restos de lo que parecía un descomunal palacio engullido por las aguas.

No pudieron gozar mucho tiempo de los detalles de aquella mansión submarina. La tierra se estremeció bajo el mar y el mismo Poseidón se alzó majestuoso ante ellos.

Ni Golias, ni Alción, ni ninguno de aquellos desdichados habían visto jamás nada igual. La figura enorme del soberano indiscutido de los mares les cerraba el paso. Alción pensó que había llegado la hora de la verdad y que se necesitaría lo mejor de todos y cada uno de los tripulantes para culminar con éxito la aventura.

La sola presencia de Poseidón bastó para que todos enmudecieran. La voz de Poseidón quebró el silencio como un trueno y, mientras en una de sus manos blandía un descomunal tridente, adelantó la otra ofreciendo a cada uno de aquellos simples mortales el don de la eterna energía.

Telémaco supo al instante que aquello era una trampa y que Poseidón trataba de deslumbrarlos, de tentar la humana codicia, para castigarlos después como había hecho con el gran Ulises. Con gestos y gritos se esforzó por indicar a sus compañeros que debían rechazar la tentadora oferta. Alción vio el brillo en los ojos de sus camaradas, supo que Telémaco estaba en lo cierto y se esforzó en convencer a los más indecisos. Se impuso la solidaridad y ninguno sucumbió a la tentación.

Cuando Poseidón comprendió que su estratagema no había funcionado, lanzó un grito airado y golpeó con furia el fondo del mar con su tridente. Su furia se materializó en un violento torbellino de agua que ascendió mágicamente desde el fondo marino acompañado de un ruido atronador.

Atenea, alborozada al ver que su iracundo tío volvía a hundirse en las profundidades, envió un potente rayo de luz hacia una gigantesca concha que yacía inerte sobre la arena. El descomunal molusco se abrió con lentitud y aquellos cansados viajeros pudieron ver, llenos de gozo y asombro, que de su interior surgía el mismísimo Ulises, liberado al fin. Su figura poderosa, a pesar de la larga barba y los harapos que le cubrían, se irguió con orgullo. Los marineros de más edad reconocieron en él a su Rey, dado por desaparecido durante tanto tiempo. Todos abandonaron los remos, dieron vítores al héroe y a su valeroso vástago y se abrazaron jubilosos. Telémaco, al encontrar por fin a su padre después de tantos años y penurias, contenía a duras penas la emoción que le embargaba. Miraba alternativamente a Ulises y sus cansados compañeros, que, con arrojo y valor, le habían empujado a superar todos los peligros.

Alción fue el primero en darse cuenta de que aquel palacio submarino parecía no tener salida. Pensó que tal vez el destino cruel les jugaba ahora una mala pasada, ya que no veía la forma de abandonar los dominios de Poseidón para volver a tierra firme. Al advertirlo, la tripulación se agitó inquieta. Sólo Telémaco, embelesado en la contemplación de su progenitor, parecía ajeno a la situación.

Entonces Ulises cogió con sus fuertes manos la perla gigante que dormía en el interior de la concha y, usándola como proyectil, la lanzó con decisión contra las pulidas paredes que reflejaban el palacio. La perla, al estrellarse contra el muro, provocó un violento estallido que rompió el encantamiento de aquel extraño lugar. La pared se desmoronó con estruendo y por un momento temieron que toda aquella construcción acabara cayendo sobre sus cabezas. Pero el camino quedó abierto y la barca comenzó a ascender hacia la superficie. Ulises, agitando los brazos, les señalaba el camino y agradecía la ayuda recibida.

Escena 9 - Poseidón

Escena 9 – Poseidón

Tiempo después, ya de regreso en Itaca, Ulises, Telémaco y aquellos héroes que habían tenido el valor de desafiar los designios de los dioses, liberarían a la pobre Penélope de su tedioso tejer y destejer y de sus pesados pretendientes. Al mismo tiempo recuperarían la corona, el palacio y otras propiedades usurpadas y vivirían nuevas y apasionantes aventuras.

Cuadros

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1 Response

  1. marc says:

    es una buena propuesta i creo que una gran atraccion porque las ultimas novedades de TM la verdad es que no son muy glamurosas com esta magnifica propuesta

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