[Tibidabo] Visita al parque de atracciones barcelonés – 10/05/14

???????????????????????????????Como sabrán nuestros seguidores del Twitter, el pasado sábado nos desplazamos hasta este pequeño parque de atracciones barcelonés, el cual, destaca por su privilegiada situación como mirador de Barcelona al estar ubicado en lo alto de la montaña que le da nombre y que, además, es el parque de atracciones en activo más antiguo de España ya que abrió sus puertas el 29 de octubre de 1901…

113 años de historia viva de los parques de atracciones a pocos minutos del centro de Barcelona y que sigue encandilando a pequeños y mayores.

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Una de las cosas que he aprendido de otros parques de atracciones históricos, como el Tivoli Gardens, es que muestran su mayor esplendor en las últimas horas del día e incluso de noche, y el caso del Tibidabo no es diferente ya que podemos contemplar como cae la noche sobre la ciudad de Barcelona y se van encendiendo sus millones de luces, incluida la torre Agbar, mientras el parque se ilumina poco a poco gracias a las bombillas que forman parte de las atracciones y que crean ese ambiente tan especial de parque de atracciones clásico.

Llegamos al parque pasadas las 6 de la tarde, aunque ese día el parque cerraba a las 9 de la noche y por desgracia el Tibidabo no es un parque con mucha oferta, por lo que en un par de horas o a lo sumo tres te puedes hacer el parque si no hay mucha gente, a no ser que vayas con niños pequeños que tienen más oferta.

La última vez que me acerqué al parque fue para la inauguración del trágicamente famoso “El Pèndol”, en agosto del 2006, por lo que la Muntanya Russa de Vekoma aun no estaba, aunque pocos cambios más han habido en estos 8 años a parte de la renovación de Camí del Cel, Dididado y el cambio de noria producido este año.

Al llegar al parque los visitantes se encuentran con Camí del Cel, una gran plaza de acceso libre donde se encuentran la mayoría de atracciones míticas del parque, seguida de una zona ajardinada con algunas atracciones infantiles, toboganes y un cine, Edifici Cel, donde se proyecta un documental sobre el Tibidabo:

En esta plaza, que permite observar unas increíbles vistas de Barcelona, están ubicadas las taquillas, y la verdad es que sorprende lo caros que son los precios para la poca oferta del parque:

  • 28,50€ entrada de adultos
  • 12,70€ entrada Camí del Cel que permite montar en las atracciones situadas en esa zona y el acceso al resto del parque pero sin atracciones

Sin embargo, el precio del pase anual es irrisorio frente a esos precios, 136€ el Tibiclub familiar y 48€ el Tibiclub individual (más 22,50€ en ambos casos de cuota de inscripción), lo que demuestra cual es el público objetivo del parque, las familias de Barcelona y su entorno, frente a los turistas a los cuales penaliza pagando unas entradas excesivamente caras. Por suerte, poseo el pase de Isla Mágica que me da acceso al parque, pero la persona que me acompañaba no, por lo que tuvo que comprarse una entrada Camí del Cel ya que conocía bastante bien el parque.

La primera atracción que probamos es la mítica “Talaia”, construida en 1921 y que llega a alcanzar una altura de 50 metros otorgando unas vistas envidiables del resto del parque y Barcelona. Es una atracción con mucho encanto, por su diseño industrial clásico y que es única en el mundo, pero que también hace pensártelo dos veces al subir en ella al saber que tiene casi 93 años de antigüedad y los pasajeros van libremente montados en la cesta sin ningún tipo de seguridad, otorgándole un punto de emoción, aunque, debido al trágico accidente del Pèndol, en su 90 aniversario el brazo de la atracción fue renovado para evitar nuevos accidentes y otorgarle una nueva vida a la atracción.

Tras La Talaia tocaba el turno de la novedad 2014, Giradabo, una noria de sólo 20 metros de altura pero que no necesita más altura, ya que su ubicación privilegiada le permite unas vistas fantásticas (se que me repito pero es la principal característica del parque, sus vistas). Por suerte, han decidido mantener un estilo clásico en la nueva noria que se mimetiza con el resto de elementos de Camí del Cel, pero llama la atención que la zona de colas sea un simple pasillo sobre una tarima de madera sin ningún tipo de toldo o pequeño edificio de diseño industrial que permitiera a los visitantes refugiarse del sol en los cálidos días de verano.

Otras atracciones de esta plaza son el clásico carrusel, que está pidiendo a gritos una restauración urgente ya que los paneles que lo decoran han perdido por completo su color, y el mítico Avió, una atracción que a los niños y adultos de hoy en día no maravillará tanto como antaño, acostumbrados a estar rodeados de tecnología y la popularización de los vuelos en avión, pero en 1928 y hasta hace no muchos años, este avión real del mismo modelo que el que realizó el primer viaje desde Barcelona a Madrid era el primer contacto, y quizás único, de muchos personas con un avión, de ahí que esté grabado a fuego en la memoria de muchos adultos que, durante su infancia, vivieron su primera experiencia de montar en un avión gracias a l’Avió.

Como muchos sabréis, el parque está dividido en 6 niveles, cinco de ellos accesibles al público, y que están configurados por las distintas terrazas y plazas creadas para ubicar las atracciones, por lo que empezamos nuestra visita entrando por la Plaça dels Somnis, antiguo emplazamiento de la mítica Muntanya Russa y que es recordado por un trozo de vías y un vagón situados en una esquina de la plaza. Actualmente esta plaza sirve como recinto de espectáculos, aunque creemos que no está explotado todo su potencial y podría incorporar Flats Rides con apariencia clásica, siguiendo el estilo de Camí del Cel, o incluso una nueva montaña rusa familiar de pequeñas dimensiones que rindiera homenaje a la que ya existía.

Sin embargo, conforme se continúa la visita del parque descendiendo a través de los diferentes niveles el parque pierde ese carácter clásico y comienza a ser un pastiche con diversas tematizaciones sin ningún tipo de correlación o coherencia entre sí.

Es cierto que estamos hablando de un parque de atracciones, pero el Tibidabo es un parque de atracciones clásico con una larga trayectoria detrás y que presume de su carácter histórico, como muchos parques de atracciones de Europa, y de hecho, en el Camí del Cel han hecho un esfuerzo para enfatizar ese estilo clásico combinándolo con algunos toques de modernidad, sin embargo, el resto del parque muestra una falta de coherencia temática, aunque fuera por zonas, más basado en tematizar atracciones sueltas siguiendo los gustos y modas de la época en que se construyeron y sin la búsqueda de esa esencia e historia del parque.

Vuelvo a mencionar al Tivoli Gardens, pero es que es el ejemplo a seguir por los parques clásicos, ya que han sabido crear pequeñas zonas temáticas pero con un sabor añejo, sin perder ese carácter clásico del parque, y que utiliza las bombillas y guirnaldas luminosas como seña de identidad que da coherencia y sentido a todo el conjunto, especialmente de noche.

En el Tibidabo encontramos algunas referencias en ese sentido, como los paneles de las atracciones que usan l’Avió como icono e imagen del parque, pero faltan elementos decorativos que recorran el parque otorgándole un sentido de unidad, aunque ya parece que se hizo en su momento con los postes, maltratados por el tiempo, coronados por el antiguo logotipo, como el Magatzem, acompañados por guirnaldas luminosas; por desgracia, los encontramos abandonados en algunos puntos perdidos del parque sin continuidad… Por otra parte, también hay que destacar las terrazas que contienen Hurakan y Diavolo por su carácter clásico, aunque no tiene una continuidad en las atracciones que allí se ubican y los caminos de acceso.

En un parque como el Tibidabo que vende su carácter clásico, deberían plantearse la realización de un plan global, como el realizado en el Camí del Cel, en el cual se tuvieran en cuenta los aspectos mentados anteriormente para crear un elemento decorativo que se convirtiera en la seña de identidad del parque y recorriera el mismo, así como renovar los paseos con vallas y verjas de corte más clásico y poner más bombillas por el parque para que se convirtiera el parque en una especie de faro visible desde Barcelona con luces de mil colores.

Ejemplo de vial sin identidad propia

Ejemplo de vial sin identidad propia

Siguiendo con nuestra visita, toca el momento de probar la Muntanya Russa, y frente a lo comentado anteriormente, hay que reconocer que en esta atracción se hizo un gran trabajo de integración, incluyendo esas colas ascendentes en el interior de la montaña con forma ovalada y el recorrido “terrain” adaptado al terreno. También hay que reconocer que Vekoma hizo un gran trabajo en el diseño, con una primera caída que precipita a los visitantes sobre la ciudad de Barcelona para continuar un recorrido frenético con pocos descansos que recuerda mucho a sus mejores trenes mineros. Sin embargo, estamos hablando de Vekoma, y a pesar de sus escasos 6 años de antigüedad, los trenes ya padecen las características vibraciones de esta compañía y que hacen que el viaje no sea todo lo confortable que sería… A pesar de todo es una muy buena incorporación del parque y que el entorno y ubicación hace que sea una atracción única.

Tras la visita al parque, llega el momento de dirigirse hacia la salida y visitar otra de las joyas que posee el parque, con un acceso en una esquina de poca visibilidad, sin otorgarle la grandeza que el espacio lo merece… Hablamos del Museu d’Autòmats, un museo, como su propio nombre indica, en el que podemos encontrar maquetas, incluyendo las de algunas atracciones del parque y la del parque, y varios autómatas antiguos (en nuestro mundillo también conocidos como animatronics).

En este museo podemos encontrar verdaderas maravillas de la tecnología de su época, que aunque a ojos del visitante del siglo XXI resulte obsoleta, acostumbrados a todos los avances tecnológicos que tenemos a nuestro alrededor, poseen el encanto de lo antiguo, y siguen sorprendiendo al visitante con sus puestas en escena y curiosidades. Destacan especialmente las dos ejecuciones, con una puesta en escena bastante macabra poco apta para el público familiar.

Es de agradecer que cada figura vaya acompañado de un texto explicativo que aporte curiosidades y datos sobre los autómatas para conocer un poco más sobre este aspecto tan característico de los parques de atracciones y ferias que derivaron en los modernos animatronics que podemos contemplar hoy en día.

Por último,  toca despedirse de este parque situado a 501,8 metros sobre el nivel del mar contemplando una fantástica puesta de sol que le otorga un carácter mágico al parque de atracciones, aunque sería de agradecer mayor presencia de bombillas de colores. También destaca que, a pesar de ser las nueve de la noche, un buen momento para al menos picar algo, todos los puntos de restauración están cerradas, e incluso las tiendas del parque, a pesar de haber aun varias personas paseando y realizando las últimas fotos del parque.

En definitiva, un parque de atracciones clásico con encanto y una larga trayectoria a sus espaldas, que incluye atracciones míticas que forman parte de la historia de Barcelona y unas vistas de la ciudad increíbles, pero que necesita potenciar sus señas de identidad y su carácter único y clásico, no sólo en el Camí del Cel.

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